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REVISTA

MOCKUS Y SANTOS EN LA RECTA FINAL

El sucesor de Álvaro Uribe en Colombia
Elecciones presidenciales del 30 de mayo son las más disputadas de los últimos años en Colombia y suponen una apuesta por el cambio o la continuidad del legado uribista.
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MOCKUS Y SANTOS EN LA RECTA FINAL

Aunque en Colombia haya varios candidatos para suceder en la presidencia a Álvaro Uribe, la campaña ha tomado como protagonistas solo a dos. Uno, Juan Manuel Santos, del oficialista partido de la U –y hasta hace unos pocos meses el “gran favorito”–, y el otro, Antanas Mockus, el candidato independiente del Partido Verde (PV) que se ha convertido en la gran sorpresa de estos comicios.

Las encuestas, que están prohibidas de publicarse en la última semana pero a las que sí tienen acceso la prensa extranjera, hablan de un empate técnico. Puntos más o puntos menos, Santos y Mockus captarán cada uno el 30% de los votos, lo que significará la realización de un balotaje el 20 de junio próximo.

Para los colombianos, esto supone una novedad pues en las dos últimas elecciones –las del 2002 y 2006– Uribe ganó en primera vuelta, imponiendo una serie de récords electorales que muy pocos podrán superar en el futuro.

Así lo ha comprobado Santos, quien no ha podido conectarse con la gente, en parte por su falta de carisma o por haberse convertido en el chivo expiatorio de un régimen muy popular y exitoso, pero también con serias denuncias de violación de derechos humanos, espionaje y narcotráfico.

Mockus, en cambio, con su movimiento ecologista ha logrado captar la atención de millones de colombianos hartos de los partidos tradicionales y su ineficacia para articular una política pragmática y eficiente.

En cierta forma, Antanas hace recordar la frescura del Uribe del 2002, distanciado de las rencillas entre liberales y conservadores. Solo que en esa época, Uribe era la garantía para lograr la paz en el país, mientras hoy Mockus –ya sin el lastre de la seguridad– se ha convertido en la esperanza del cambio y el desarrollo económico.

Ahora, no es que el líder del Partido Verde sea un neófito en política como lo quieren hacer ver sus simpatizantes. Un personaje puro, sin las mañas del sistema. Por el contrario, Antanas, filósofo, matemático y loco por naturaleza, ha sido un exitoso alcalde de Bogotá y ex parlamentario con muchos amigotes, tanto en el oficialismo como en la oposición.

Su mayor éxito fue poner orden –al estilo de una ciudad europea– en la andina capital colombiana. El “Trasnmilenio”, el sistema de transporte público de autobuses, ha sido imitado en Chile –“Transantiago”– y próximamente en Perú, con el famoso “Metropolitano”. Nadie garantiza que funcione en Lima.

PROPUESTA VERDE

Para captar el voto de millones de jóvenes y nuevos votantes, inmersos en el fenómeno de la globalización y las nuevas tecnologías, pero descontentos con sus efectos económicos, Mockus propone un cambio radical en el modo de pensar del colombiano común.

El líder del PV propone un mayor respeto por las leyes, un gran énfasis en la educación y aumentar la inversión en el capital humano, pues “Colombia es de la gente y para la gente”.

A diferencia del gobierno de Uribe, Mockus asegura que su administración respetará los derechos humanos y la Constitución, aunque no ha descartado llamar a una Asamblea Constituyente para modernizar la Carta Magna y ponerla acorde a los “nuevos tiempos”.

En materia económica, buscará que Colombia crezca a un ritmo del 4%, gracias a una reforma del sistema tributario y el aumento de los impuestos “para que los ricos paguen más que los pobres”.

Mockus también habla de combatir la corrupción para atraer la inversión extranjera y se considera un amigo del intervencionismo del Estado “cuando sea necesario”.

La instauración de un modelo sostenible y ecológico de uso del medio ambiente, la promoción de las regiones más desfavorecidas y la inversión en el sector primario son parte también de los cambios promovidos por Mockus.    

Sobre el tema de seguridad, que ha pasado a ser la cuarta preocupación de los colombianos después del desempleo, la salud y la educación, Antanas asegura que mantendrá mano dura contra la guerrilla y no negociará con las FARC a menos que cesen las hostilidades y los actos terroristas.

En materia de relaciones internacionales, Mockus ha dicho que admira algunas cosas del presidente Chávez –lo que puede causar preocupación en el electorado–, pero que no dejará pasar su revolución bolivariana, con quien llevará una actitud de “prudencia y respeto”, en medio de una política exterior general que busca la integración latinoamericana.

LA CARTA OFICIALISTA

Santos, por su parte, es conocido por su animadversión al modelo chavista, lo que causa empatía con la mayoría de los colombianos. Aunque ha dicho que mantendrá una relación de respeto con el mandatario venezolano, su victoria ayudaría a frenar el expansionismo bolivariano.    

En el plano interno, el abanderado del Partido Social de la Unidad Nacional apuesta por dar énfasis a la lucha contra la pobreza. Si al comienzo de su campaña pedía el fortalecimiento de la democracia, hoy, ante el huracán Mockus ha virado hacia una agenda más social.

Santos, ahora habla de subsidios y créditos para superar la brecha educativa, fondos de compensación para las zonas más desfavorecidas de Colombia, asistencia a los desplazados, fomento del empleo, modernización de la fuerza militar y construcción masiva de viviendas.

Él, que ha sido ministro de Defensa y Hacienda, augura un crecimiento del PBI del 5% anual, la creación de 2.4 millones de puestos de trabajo y la reducción de impuestos para facilitar la inversión privada interna y extranjera.

Santos quiere acabar así con la deuda del gobierno de Uribe, quien pese a sus méritos económicos, no pudo reducir sustantivamente los índices de pobreza y desempleo, que en marzo llegó al 12.3%.

Sin embargo, el gran problema del candidato de la U es que su cercanía con la administración del presidente Uribe, a quien dice admirar y respetar fervientemente, lo relaciona con los peores escándalos que ha dado el uribismo.

Por ejemplo, los cientos de casos de “falsos positivos” o campesinos o civiles inocentes del interior del país que fueron asesinados por militares que los hicieron pasar como guerrilleros para obtener ascensos y beneficios económicos. La mayoría de las denuncias se hicieron cuando Santos lideraba la cartera de Defensa.

También está el escándalo del espionaje a periodistas, opositores y jueces por parte del DAS, el servicio de inteligencia nacional, y cuyas órdenes, aunque no han sido probadas, fueron dadas por el entorno cercano del presidente Uribe.

Tampoco habría que olvidar las innumerables denuncias sobre nexos entre legisladores oficialistas –muchos amigos íntimos de Santos– y los desmovilizados paramilitares, causante de miles de muertes de campesinos al interior del país.

El delfín de Uribe proclama a los cuatro vientos que no tiene nada que ver con las denuncias, pero en política no basta ser honesto, sino parecerlo.

Como dirían en Colombia, Santos fue un excelente ministro de Economía y el mejor ministro de Defensa en tiempos de guerra, pero nunca ha sido ni será Álvaro Uribe Vélez. Esa es su gran tragedia.

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