Si no fueran por aquellos espacios, casi familiares, populares, que sin mucha pompa en el ambiente, presentan un derroche de sabores de casa, elaborados al momento y de la manera más sencilla; los comensales no conoceríamos el origen de nuestros platos desde sus más primigenias sensaciones: aromas, tonalidades, sonidos, texturas y sabores son procesados, muy especialmente, en la intimidad de un huarique.
Autor: Cecilia Portella Morote