
COMBATE EN LA NOCHE
La luna, Reyna de la noche ,dibuja las sombras de todo lo existente, sobre los tejados ,cubiertos de roció. La quietud solo se interrumpe, cuando entre las nubes se asoman las estrellas que nos regalan su guiños como presencia de mundos lejanos.
Inmóvil, silenciosa, acurrucada, mirando con sigilo, una Micifuz nos avisa de su existencia solo por el destello de sus ojos, gatunos, brillantes, profundos, de pupilas ardientes de vida.Se hincha de pelaje, encorva el lomo, sus partes se irrigan para regalar sus olores a los cuatro cardinales .El momento es cómplice y la altura es la ayuda para que sus perfumes puedan llegar a otros olfatos recipientes hasta en la quietud del sueno.
De un salto despierta, ignorando todas las comodidades, el macho felino abandona la tibia cama mullida de algodones ,ignora al amo, por el impulso de la creación que en ese momento abarca toda su existencia. El sabe que lo llaman con invitación inequívoca a la unión de los cuerpos.Con impulsos gatunos salva profundidades,,devora distancias, con las garras preparadas escala verticales y como la luz llega al instante antes que otros competidores y en equilibrio de trapecista se posiciona de la cumbrera de la casa desconocida.
Frente a frente ante el enemigo, a dos palmos de distancia, con la suerte jugada, los dos miden sus encantos en tamaño, forma y experiencia, gracias a su especial olfato e imaginación. Satisfechos juegan con la mirada que es fija, inamovible, y trasmiten en el éter de su separación todo lo necesario para unir sus químicas, cual alquimistas hasta llegar al borde del encanto.
La hembra, midiendo posiciones, ronronea un ronquido de advertencia, que con su fuerza ondula la pelambre del varón, que no se asusta y le comunica a todos los vivientes testigos, que el combate será duro entre una joven orgullosa y un duro gladiador.