Hugo Ramírez Canaval Contralmirante (r)
Nuestros vecinos del sur en su afán de levantar la moral de su pueblo, anuncian que han clonado el “Huáscar” y harán un museo. ¡Qué bien! Deben hacer por lo menos 10 copias para fondearlos en todos los puertos de su extenso litoral, repitiendo en cada caso, un real museo que muestre la historia verdadera de la Campaña Naval de 1879, la cual, según cuentan los historiadores chilenos y lo reconoce todo el mundo, fue triunfal y gloriosa para los marinos peruanos, y entre ellos el “Huáscar” con Miguel Grau, que se pasearon “en las barbas de la escuadra” como decían en Chile entonces, y la inutilizaron por 6 largos meses. ¡Eso no lo pueden ocultar!
Ojalá que no se quede solamente en intenciones. El mundo –empezando por los chilenos– tendría la oportunidad de ver y conocer la verdad mostrada en un museo nacional que debería ser muy serio, sobre todo si es presentado por el gobierno de ese país. Claro que esto no lo van a contar los marinos chilenos que organizarán esos museos; sin embargo, todos los visitantes conocerán el buquecito que en aquella guerra de la que tanto se jactan, los dominó por seis largos meses.
Debemos considerar que un museo sobre la Campaña Naval de la Guerra del Guano y el Salitre, comenzará por mostrar en maquetas a escala, las fuerzas combatientes de cada lado. Así se verá que los 2 poderosos blindados chilenos construidos en 1875 eran unos monstruos de 3,560 toneladas de desplazamiento, con dos máquinas de 2,920 HP y 2 hélices, que disponían de 6 cañones de 300 libras con el moderno sistema de cierre y disparaban cada 2 minutos unos proyectiles perforantes.
Mientras que el pequeño monitor “Huáscar” construido en 1865, era un hermoso buque de guerra de apenas 1,130 toneladas, con una máquina de 1,100 HP, una torre giratoria que demoraba 15 minutos en dar la vuelta y en la que tenía 2 cañones de 300 libras, sin el sistema de cierre, tan antiguos que se cargaban por la boca como los arcabuces de Pizarro y disparaban cada 7 minutos unas bolas de fierro que rebotaban en la coraza de 9 pulgadas de los blindados chilenos.
Es decir, que los blindados chilenos tenían cada uno, tres veces el desplazamiento, el triple de cañones muy modernos con proyectiles de ojiva perforantes, así como el triple de potencia de máquinas con 2 hélices que le facilitaban las maniobras. Esa escuadra contaba además, con 6 buques menores, todos más poderosos y modernos que nuestras pequeñas corbeta “Unión” y cañonera “Pilcomayo”. Pero… ¡Nos tenían miedo… mucho miedo!
Le cuento estimado lector, lo que se decía en los más altos niveles del gobierno chileno, en aquellos días: el 27 de Junio de 1879, el Canciller Santa María le escribe al Ministro Varas, del Interior, y le dice: “…no conservo ilusión alguna. Bástele decir que ayer he llegado a llorar de amargura. Williams (el almirante de su escuadra) no es el hombre que creíamos… no emprenderá ataque alguno que no sea muy seguro (igualito que los de ahora)… ha llegado a decirme que todos nuestros buques no sirven para nada, y que nuestros blindados no pueden batirse con el ‘Huáscar’”.
Eso temía y eso decía el almirante chileno. Así debería figurar en un museo. Pero como conozco a los chilenos, sé que esos museos no van a decir la verdad, los usarán para seguir “fabricando héroes homéricos”, como reclamó un historiador chileno a otros colegas mentirosos en aquellos días.
Pero como la verdad siempre se impone, queda la esperanza de que en el peor de los casos, con que solamente se diga cuánto tiempo duró esa Campaña, mostrando las maquetas a escala de los buques, será suficiente para que los visitantes conozcan el buquecito que causó tanto problema y aterrorizó a los chilenos. Por eso. ¡Adelante con su museo! ¡Que sean 10 museos, aún con las acostumbradas mentiras!
Ahora, es preciso que veamos algo sobre el Monitor “Huáscar”. Debo aclarar porqué me refiero al “falso Huáscar”. En estos días, el señor Presidente de la República ha dicho: “El ‘Huáscar’ verdadero, el ‘Huáscar’ inmortal, el inmaterial que está en el corazón de todos los peruanos, sigue siendo peruano.”. Hace varios años que el ilustre historiador peruano Raúl Porras Barrenechea, dijo un 8 de Octubre: “Todos los años, el 8 de Octubre, la insignia del Almirante Grau, la vieja y querida enseña del ‘Huáscar’ legendario en el que todos los peruanos hemos navegado idealmente y aprendido la congoja y el orgullo de ser peruanos, sube al tope de la emoción patriótica en el más alto mástil de la admiración heroica”. Estando de acuerdo con estas dos opiniones, debo decir que hace muchos años que me ocupo del problema de que los peruanos honramos la imagen errada, pues, el “Huáscar” que conocemos por las fotos de eso que tienen los chilenos como “trofeo de guerra”, no es el hermoso “Huáscar de Grau”.
No es “ni la sombra” de aquel pequeño buque de guerra que se veía gallardo con el pabellón nacional del Perú, deslizándose por los mares con una silueta tan baja que parecía una fiera rampando para el ataque, con una cubierta a menos de 2 metros sobre el agua, que además, Grau “hermoseó” al quitarle el palo de proa –Palo Trinquete– dejándolo solamente con el Palo Mayor y dándole apariencia real de buque de guerra, para pasear flameando orgulloso un enorme bicolor, el glorioso Pabellón Nacional del Perú.
El que conservan los chilenos –justo es reconocerlo– con mucho esmero, no es “el ‘Huáscar’ de Grau”, ya no es aquel temible y temido buque de guerra. Da pena decirlo, pero se ve un buque enorme sin señorío, con apariencia de buque mercante. Es una broma, una burla para los poseedores, que conservan eso como “trofeo de guerra”. Lo que me da pena es que en estos días han salido peruanos cuyas ideas respeto, y dicen que el “Huáscar” debe ser devuelto, como una muestra de buena voluntad. ¿Buena voluntad de los chilenos? Hay peruanos ilusos que esperan eso.
Además, un trofeo de guerra no debe ser solicitado. Hace unos años, un ministro de Marina dijo: “Un trofeo perdido en guerra, no se reclama, se recupera con las armas”. También opino así. Si naciera de ellos (¿?) devolverlo, que lo hundan con honores en Angamos.
A propósito de lo de “apariencia de buque mercante”, quiero presentarle, estimado lector, una linda y precisa descripción de un distinguido marino historiador, el Capitán de Corbeta –ya fallecido lamentablemente– don José Carlos Cosio Zamalloa, quien escribió lo siguiente:
“La hermosa silueta que nos muestran los cuadros de Spears y de Teófilo Castillo, (en el Museo Naval del Callao) es la silueta de un genuino buque de guerra, prototipo del buque de combate, precursor en pequeño de los acorazados que pronto serían la columna vertebral de las escuadras. No se parece a la silueta del casco vacío fondeado desde hace muchos años en Talcahuano. Sin máquinas ni calderas, ha aumentado desmesuradamente su flotabilidad: semeja un mercante común y corriente. Le han quitado majestad, señorío y aspecto guerrero. No es la silueta del glorioso buquecito que combatió sólo en Angamos contra toda esa escuadra tan poderosa…”.
Sea esta una feliz oportunidad para que los peruanos pensemos sobre la imagen del “Huáscar de Grau” que debemos honrar. No la del “mercantón” de las fotografías, sino la del gallardo buque de guerra que aparece en los cuadros de Spears y de Castillo en el Museo Naval del Callao, ¡con un solo palo para el glorioso pabellón rojo y blanco, rampando temible casi a ras de las aguas, proa al sur!
Fuente: La Razón