
Una mujer afgana vistiendo la tradicional burqa. DR
En pleno debate sobre la “identidad nacional” el PS responde indirectamente al presidente Nicolas Sarkozy, quien evocó el lunes pasado la posibilidad de que el parlamento adopte una resolución sobre el uso de la burqa. Las resoluciones no tienen carácter oblogatorio. En otras palabras, el mandatario francés que considera ese traje islámico como una “señal de servidumbre” y advirtió que “no será bienvenida a la República”, no propone una ley para prohibirla, pero tampoco la descarta.
Empleando prácticamente la misma expresión que Sarkozy, Benoit Hamon, estimó que “en la República no hay lugar para la burqa, pero precisó que “una ley ad hoc no tendría los efectos esperados”. La posición del PS parece ambigua pero adquiere cierto sentido con la interrogación que se hizo el propio Hamon: “¿Cómo harán las fuerzas del orden para que una mujer se quite la burqa?”.
Esta pregunta revela un dilema que volverá a plantearse en el curso del mes de enero, cuando Jean François Copé, jefe de la bancada parlamentaria del partido gubernamental, UMP, presente el proyecto de ley que anunció recientemente.
Sin duda alguna el proyecto provocará tormentas. No sólo entre la oposición y el gobierno porque en ambos campos la burqa es un tema que divide. Tanto políticos de izquierda como de derecha ya han advertido sobre el peligro de estigmatizar el Islam en medio de un debate abierto por el gobierno sobre la identidad nacional y la inmigración.
En Francia, país de tradición laica, ya hubo un debate similar en 2004 cuando se adoptó una ley que prohíbe el uso de “signos religiosos ostensibles”, como el velo islámico en los colegios secundarios.Fuente: RFI