
Sesión del parlamento en Islandia, donde el Gobierno ha renunciado tras la bancarrota del país ©Reuters
La historia reciente de Islandia es la de un país liliputiense que llegó ser un ejemplo incomparable de éxito económico. Pero la mala gestión de las inversiones extranjeras de sus bancos, la opacidad en sus regulaciones y el coletazo de la crisis financiera internacional lo pusieron como ratón en jaula de león.
Dado el contexto actual, en el que el sistema financiero mundial ya no puede permitirse refinanciar deudas tan astronómicas, Islandia ha visto en la Unión Europea una oportunidad para salir del atolladero. En julio de 2009 el Parlamento islandés votó presentar la candidatura para su adhesión.
Al parecer, los europeos no están dispuestos a abrirle la puerta con tanta facilidad. Sobre todo después de que el presidente islandés, presionado por la opinión pública, se negara a firmar una ley para reembolsar a los clientes extranjeros afectados por la quiebra del banco Icesave.
Según un portavoz de la Comisión Europea, que debe pronunciarse próximamente sobre la candidatura de Islandia, “la opinión que debemos entregar”a los Estados miembros de la UE que tendrán la última palabra, “tendrá en cuenta todas las consideraciones pertinentes”, incluyendo “todos los criterios de adhesión” como “los económicos”. De esta manera “en este contexto, cuestiones como el caso Icesave serán analizadas muy de cerca”.
El presidente Olafur Ragnar Grimsson decidió este martes someter a referendo la ley que había sido votada a finales de diciembre por el Parlamento islandés. La ley está destinada a reembolsar cerca de 4.000 millones de euros (unos 5.700 millones de dólares) adelantados por Gran Bretaña y Holanda para indemnizar a más de 300.000 de sus ciudadanos que habían invertido en ese banco.Fuente: RFI