Nakasaki Servigón, chiclayano de origen y chinito de risa, está siempre delante de los flashes fotográficos y de las cámaras de televisión. Lo tenemos reflejado hasta en la sopa a la hora del almuerzo. Pero la pregunta del millón de reales es: ¿Realmente Nakasaki es un buen abogado? Y esta no sólo es una duda personalísima que nos asalta de vez en cuando. También es la duda de mucha gente que ve con cotidiana sorpresa cómo algunos de sus clientes –como el ex mandatario Fujimori Fujimori–, en lugar de salir pronto de la cárcel, se hunden más y más en la depresión de sus celdas.
Según hombres de leyes que lo conocen y con quienes comentamos este singular caso, se trata de un abogado al que le gusta, le encanta, le fascina, le aloca la peliculina. El día que no sale en los periódicos, la tarde en que una radio no le hace una entrevista, la noche que no aparece en los noticiarios televisivos, el chinito se preocupa. Abogado de tragedias colectivas y de personajes vinculados con actos de corrupción. Defensor de ex funcionarios de dudosa reputación y de gente farandulera de gran impacto televisivo. Así es César Nakasaki Servigón, todo un artista dentro del show business.
Se mueve como pez en el agua cuando hay una cámara de televisión o un reportero gráfico cerca suyo. Hombre de leyes influyente, capaz de capturar la atención de la opinión pública nacional con sus ojos chinitos y sus declaraciones punzantes, pero incapaz de librar de la cárcel a muchos de sus clientes. No en vano el periodista Gustavo Gorriti consideró no hace mucho, que los alegatos de Nakasaki en defensa de Fujimori eran una especie se sofisma chicha, porque en su afán de presentar una defensa intelectualmente sólida, terminaba confundido en una huachafería intelectual.
Hace poco nos comunicamos telefónicamente con un prestigioso abogado y le preguntamos qué opinaba sobre César Augusto Nakasaki Servigón. El hombre de leyes guardó prudencial silencio y luego nos dijo algo que nos dejó pensando y pensando: «Mire usted, la línea de la ética que divide a los verdaderos profesionales de leyes y a los simples mercaderes del Derecho es muy delgada, pero el mediático don César vive trepado sobre esa línea, como un experto equilibrista al que le excita el peligro pero que en cualquier momento puede perder el equilibrio y venirse abajo».
Y así, nos quedamos pensando en el equilibrista César Nakasaki, y en cuán afortunados somos al tenerlo en los periódicos y en la televisión, y no defendiéndonos en algún juicio.