
Víctor Raúl Haya de la Torre nos legó la tesis del Frente Unico
El 1° de Mayo es, en todo el mundo, un día de unidad del movimiento obrero revolucionario, una fecha que reúne en un inmenso frente único de manuales e intelectuales y a todos los trabajadores organizados. En esta fecha resuenan, unánimemente obedecidas y acatadas, las palabras del Maestro de Indoamérica VICTOR RAUL HAYA DE LA TORRE: "Trabajadores Manuales e Intelectuales de todos los países, uníos". En esta fecha caen espontáneamente todas las barreras que diferencian y separan en varios grupos y varias escuelas a la vanguardia Revolucionaria.
El 1° de Mayo es de todos los matices que se confunden y se mezclan hoy en un solo ejército que marcha hacia la lucha final. Esta fecha, en suma, es una afirmación y una constatación de que el frente único popular es posible y es practicable y de que a su realización no se opone ningún interés, ninguna exigencia del presente.
A muchas meditaciones invita esta fecha tan importante. Pero para los trabajadores peruanos la más actual, la más oportuna es la que concierne a la necesidad y a la posibilidad del frente único manuales e intelectuales. Últimamente se han producido algunos intentos seccionistas. Y urge entenderse, urge concretar para impedir que estos intentos prosperen, evitando que socaven y que minen la naciente vanguardia del movimiento laboral en el Perú.
Mi actitud, desde mi incorporación en esta vanguardia, ha sido siempre la de un autor convencido, la de un propagandista fervoroso del frente único. Recuerdo haberlo declarado en una de las conferencias iniciales. Respondiendo a los primeros gestos de resistencia y de aprensión de algunos antiguos y hieráticos libertarios, más preocupados de la rigidez del dogma que de la eficacia y la fecundidad de la acción, dije entonces desde la tribuna de la Universidad Popular: "Somos todavía pocos para dividirnos. No hagamos cuestión de etiquetas ni de títulos".
Posteriormente he repetido estas o análogas palabras. Y no me cansaré de repetirlas. El movimiento de trabajadores manuales e intelectuales, entre nosotros, es aún muy incipiente, muy limitado, para que pensemos en fraccionarle y escindirle. Antes de que llegue la hora, inevitable acaso, de una división, nos corresponde realizar mucha obra común, mucha labor solidaria. Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Nos toca, por ejemplo, suscitar en la mayoría de los trabajadores peruanos, de cualquier ideología o clase.
Todos tenemos el deber de sembrar gérmenes de renovación y de difundir ideas reivindicativas. Todos tenemos el deber de alejar al proletariado de las asambleas amarillas y de las falsas "instituciones representativas". Todos tenemos el deber de luchar contra los ataques y las represiones reaccionarias. Todos tenemos el deber de defender la tribuna, la prensa y la organización populares. Todos tenemos el deber de sostener las reivindicaciones de la esclavizada y oprimida raza indígena. En el cumplimiento de estos deberes históricos, de estos deberes elementales, se encontrarán y juntarán nuestros caminos, cualquiera que sea nuestra meta última.
El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción contingente, concreta, práctica. El programa del frente único considera exclusivamente la realidad inmediata, fuera de toda abstracción y de toda utopía. Preconizar el frente único no es, pues, preconizar el confusionismo ideológico. Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario.
Cada cual debe trabajar por su propio credo. Pero todos deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados por la lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria, y la misma pasión renovadora. Formar un frente único es tener una actitud solidaria ante un problema concreto, ante una necesidad urgente. No es renunciar a la doctrina que cada uno sirve ni a la posición que cada uno ocupa en la vanguardia, la variedad de tendencias y la diversidad de matices ideológicos es inevitable en esa inmensa legión humana que se llama el obrero.
La existencia de tendencias y grupos definidos y precisos no es un mal; es por el contrario la señal de un periodo avanzado del proceso revolucionario. Lo que importa es que esos grupos y esas tendencias sepan entenderse ante la realidad concreta del día. Que no se esterilicen bizantinamente en ex confesiones y excomuniones reciprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes.
Tratemos de sentir cordialmente el lazo histórico que nos une a todos los hombres de la vanguardia, a todos los autores de la renovación. Pertenece a los espíritus mezquinos, sin horizontes y sin alas, a las mentalidades dogmáticas que quieren petrificar e inmovilizar la vida en una fórmula rígida, el privilegio de la incomprensión y del egocentrismo sectario.
El frente único que fundaron los heroicos hombres del ayer como el Maestro VICTOR RAUL HAYA DE LA TORRE se mantiene vigente. Las masas reclaman la unidad. Las masas quieren fe. Y, por eso, su alma rechaza la voz corrosiva, disolvente y pesimista de los que niegan y de los que dudan, y busca la voz optimista, cordial, juvenil y fecunda de los afirman y de los que creen.