
Valor de la moderación
El capital de Alberto Fujimori en la memoria del Perú es tan grande que resulta difícil de medir.
No alcanza solo al fujimorismo. El respeto y la gratitud que convoca van mucho más allá. En muchas ocasiones he encontrado personas que dicen: no soy fujimorista, pero lo que el Perú le debe al chino es impagable.
A los caviares que se empeñan en condenarlo moralmente –es su manía obsesiva- no logran entender que sus juicios no son sino opinión política. No comprenden por qué el balance que el pueblo hace de su Presidente lo absuelve con creces.
Se los diremos en una palabra: es el peso de su obra. No solo de su obra física en el territorio, sino de su obra polìtica: la paz y la prosperidad, el vuelco moral de los peruanos, que se ven hoy a sí mismos entre sus vecinos con justo orgullo.
Eso pesa mucho más que las banales acusaciones sin pruebas. El chino está al frente de la batalla.
De allí que sea superflua e innecesaria toda dramatización de su salud o de su situación judicial: Talleyrand decía que "toda exageración carece de valor". Es de la austeridad y la moderación que nace su liderazgo.
Fuente: Jorge Morelli