
Doña Julia, la vecina más conocida como la Jaujina cariñosa del barrio, aceleró el paso y entro raudamente al Callejón de los Ingleses, dirigiéndose a la casa de doña María en el interior número nueve de la tercera cuadra de la avenida Francisco Pizarro 351 del populoso Distrito del Rímac, pero detuvo su marcha instantáneamente al pasar por el único caño del callejón que funcionaba como un salón de conferencia de prensa de los vecinos, la sorpresiva forma de entrar despertó sospechas y curiosidades al mismo tiempo, ellos observaron preocupación en la mirada de la doña quién venía con el rostro quebrado y una mirada de espanto
-Que pasa?....Que pasa?- preguntaron al unísono los vecinos, que recogían agua para el desayuno. Entre ellos se cruzaron miradas de preocupación, la señora tonguito, personaje de poco hablar, solitaria, siempre vestida de negro con elegante sombrero de la época del cine mudo, miró fijamente como hablándole con los ojos, a la loca chancleta, mujer vulgar y cotidianamente grosera, que solía atravesar a los hombres con su mirada ninfomaníaca, don Alfonso Carhuancho el chupetero del barrio y don Alejandro Cuentas Ramos, carpintero de oficio especialista en fabricar maletas de cartón, muy sobrio en su trato, todos ellos volvieron a pregunta un poco intrigados:
- Que pasa señora julia?, …..por favor?- y doña Julia respondió :
- El patrullero ha venido al barrio a buscar a Daniel el hijo de doña María-
- No puede ser …..No puede ser – replicaron mirándose las caras
Efectivamente, el patrullero se había instalado en la tercera de Pizarro y, los policías andaban buscando a un jovencito de la primaria del Colegio Armando Filomeno, aproximadamente de 10 ú 11 años de edad, un vivaracho, simpático y juguetón y, que además vivía en uno de esos seis callejones de la tercera cuadra. La policía no sabía con exactitud cómo se llamaba este famoso jovencito, que fue lo que confundió a doña julia, porque la descripción de los rasgos característicos correspondían a Daniel y, fue en ése instante que decidió inmediatamente comunicárselo a doña María demostrando su infinito cariño a la dama del callejón.
Daniel estaba fuera de casa, practicando sus primera conquista amorosa, Doris una vecinita que vivía en el callejón contiguo llamado el callejón de los Fotógrafos y estudiaba la primaria en el Colegio México ubicado en la misma cuadra, le había robado no sólo el corazón si no también muchas horas de estudio; después que ella le había dado el sí y el muy nervioso haberle tocado la mano y besarla cinematográficamente, dos horas después regresó a su casa feliz y contento saltando de alegría, haciendo travesuras; fue así como encontró a su mamá sollozante en la puerta de su casa esperándolo, él miró a su madre, no entendía lo que pasaba, pero notó algo extraño en su mirada.
- Hola mamá – saludó Daniel –
- Tú no eres verdad hijito? –afirmó María mirando a su hijo –
- De qué me hablas? – no entiendo nada mamá – replicó él –
Fue suficiente para doña María, le bastó esa respuesta, confiaba ciegamente en su hijo, estaba segura que la visita de la policía al callejón no tenía nada que ver con Daniel. El jovencito pudio observar como las lágrimas y el sollozo de su madre, por arte de magia de convertían en lagrimas de alegría y de felicidad, ella ratificó la confianza en su hijo y él demostró sin mencionar palabra alguna la honradez y la buena conducta que ella misma le había enseñado. Doña María terminó el desagradable incidente de la mañana diciéndole a Daniel: - Nunca se agarra nada ajeno hijito -