
Espejo para príncipes Nicolás Maquiavelo, como Huamán Poma de Ayala, consideraba que su trabajo consistía en ser "espejo para príncipes": alguien que muestra al poder la dura realidad de sus limitaciones, y no lo que éste quiere ver. Hacerlo en tiempos en que el mensajero era el mensaje podía costarle a uno la vida. Adular, en cambio, nunca ha faltado quien lo haga. Maquiavelo escribió que quien gobierna requiere fortuna –suerte, más que riqueza- y virtud. Y la virtud, para él, era la capacidad de adaptarse a las circunstancias –las causas materias, como se decía en otro tiempo- sin permanecer inmóvil y sin forzar la máquina de las cosas por encima de sus límites. De allí, quizás, la frase del Canciller de Hierro, Otto von Bismarck: "la política, el arte de lo posible". La virtud estriba entonces en el equilibrio, entre la visión que es realizable y la realidad que las circunstancias permiten, y es en la correspondencia entre realidad e instituciones donde yace el secreto de la gobernabilidad. Este es el espejo de los príncipes. Si la falta de correspondencia, el desfase entre la realidad y la utopía, es lo que prevaleció durante el siglo XX, ahora que las las utopías están de salida, ha sonado la hora de rescatar el papel de la visión en la política.
Fuente: Jorge Morelli