
Crítica de la contracultura
“Al pairo” se decía en el siglo XIX cuando un buque se quedaba de pronto en medio del océano sin viento en las velas. Podía durar varios días esa condición, durante los cuales el humor se avinagraba, la expresión se endurecía y la riña estaba a la distancia de la mano.
Hace ya algunas semanas que esa parece ser la condición en que se halla la nave de la política peruana, como si se hubiese hecho eco de la indiferencia que la mayoría de los peruanos siente hacia ella. Una encuesta revela hoy que la indiferencia hacia la política linda en el bostezo colectivo: el 69% de los limeños está poco o nada interesado en el tema; apenas un 31% dice estarlo. Dos tercios se aburren a chorros y cambian de canal. Y se encuentran con Bayly.
Un analista opina que esa es la base del público “joven” sobre la que Jaime Bayly logra cierta preferencia electoral. Es posible. Como muchos de su generación –la de La teta asustada-, Bayly nació en un medio tóxico, en una atmósfera enrarecida y se ha convertido en una flor del mal.
Pido disculpas por adelantado, no es nada personal. Pero, como tantos peruanos a quienes tocó vivir aquellos años duros, no siento ningún respeto por esa contracultura y nada de su humor triste me entretiene a mí.
Fuente: Jorge Morelli