
Histórico momento: el de la fundación simbólica del APRA
Llevaba como compañero ese inolvidable olor a brisa marina, cuando lo sacaron de una de las celdas de la Isla Penal El Frontón. Sintió un pavoroso escalofrío mientras lo subían al primer barco que partía del Callao. Había sido incomunicado de sus padres, de la familia y de sus amigos. Augusto B. Leguía, entonces Presidente del Perú, había dado la orden: "Ese joven debe salir deportado en secreto. Es muy peligroso". Una semana antes había sido elegido por unanimidad Presidente de la Federación Universitaria del Perú.
Ese 9 de octubre de 1923 era, quizás, la tarde más fría que el joven había vivido en toda su vida. No era el invierno ni el frío porteño lo que entumecía su alma, era la incertidumbre de partir con la ropa que llevaba puesta y un libro de su maestro Manuel Gonzáles Prada en la mano, con destino desconocido. Al abordar el barco, se le acercó un funcionario del Presidente Leguía con un mensaje e intentando entregarle un sobre con dinero "a nombre del gobierno". Su respuesta fue inmediata: "La conciencia de un hombre libre no se vende" y rechazó la encomienda.
Ese inquieto joven universitario, cuando arribó a Panamá, le faltó tiempo para denunciar el peligro de un Canal de Panamá administrado por Norteamérica y no por los panameños. Enterado el Presidente de ese país, Belisario Porras, le dio 48 horas para que abandone Panamá. Cuando le preguntaron la razón de tan drástica decisión, solo dijo: "Es un joven muy peligroso". Ese joven espíritu, en 19 días dejó encendido los corazones de cientos de líderes juveniles y obreros que fueron a despedirlo reclamando el Canal para los panameños.
El próximo puerto para ese peruano con corazón gitano fue Cuba, donde ayuda a fundar la Universidad Popular José Martí junto con un gran amigo y líder universitario cubano, Julio Antonio Mella. La dictadura cubana tampoco lo quiso y ordenó su salida. Julio Antonio Mella, al despedirlo dijo: "Pasó entre nosotros, rápido y luminoso, como un cóndor de fuego marchando hacia los cielos infinitos. En su breve estancia se nos presentó; ora como un Mirabeau demoledor, con la fuerza de su verbo de las eternas tiranías que el hombre sostiene sobre el hermano hombre; ora como el Mesías de una Buena Nueva que dice la palabra mágica de esperanza (…) Subyugaba y dominaba de tal forma el auditorio, que este semejaba mansos cachorros de león cumpliendo las órdenes del domador. Hacía reír, llorar, pensar, temer. Toda la gama del sentimiento la recorría con magistral exquisitez. Es el arquetipo de la juventud americana, es un sueño de Rodó hecho realidad, es Ariel" (Julio A. Mella, en Juventud, No. 1, La Habana, 1924).
Ese joven peruano, había sembrado la llama en los jóvenes cubanos, que años después germinaría con la victoria de la Revolución Cubana, pero su amigo Julio Antonio Mella, sería asesinado por las balas del dictador cubano Gerardo Machado, un 11 de enero de 1929 cuando tenía apenas 26 años.
Para entonces, en el escritorio del Secretario (Ministro) de Educación de México, José Vasconcelos, había un requerimiento de asilo que la escritora chilena Gabriela Mistral amparaba para que se brinde las garantías del caso al joven peruano, que sin dinero ni rumbo conocido, estaba en una lucha desigual contra el imperialismo, agitando los espíritus jóvenes en todo Centro América.
México, ese bello y hermoso país, decide asilarlo. Es recibido por las juventudes rebeldes que habían bebido de la Revolución Mexicana. Tenía 29 años de edad y ese joven corazón valiente y gitano, decide crear un movimiento político, cuyo breve discurso fundacional dice así:
"Esta bandera que yo os entrego, camaradas estudiantes mexicanos no presume originalidades recónditas. Es vuestro blasón vasconceliano de la Universidad de México, hecho pendón, oriflama, ala de esperanza. La juventud indoamericana que tiene ya un alma fuerte, que entona un himno unánime, adivinaba en el escudo de vuestra casa universitaria el intento simbólico de la enseña del futuro, que saludaremos un día en todos los rincones de América.
La tenéis aquí: el rojo dirá de las aspiraciones palpitantes de justicia que en esta hora admirable del mundo inflama la conciencia de los pueblos, y que nuestra generación proclama con la nueva humanidad; nos habla también del amor, convivito con la justicia, Sobre el ancho campo verde, figura en oro de la nación indoamericana, señala las tierras vastas que unidas y fuertes, brindarán hogar sin desigualdades a todos los hijos de la raza humana.
Aceptadla porque es nuestra. Flameará primero sobre las soñadoras muchedumbres de las juventudes que van abriendo el camino, y más tarde serán los pueblos comprendedores de los ideales bellos y justos, los que la agiten en el tumulto estremecido de sus luchas. Os la entrego, camaradas estudiantes de México, porque sois hijos de vuestra sangre de cual surgió el ejemplo de la nueva sociedad igualitaria y en avance.
Olvidaos de quien os la dio, pero recordad siempre que es enseñanza de juventud, de justicia y de unión"
Víctor Raúl Haya de la Torre
México, San Ildefonso, Mayo 7 de 1924
Fundación del APRA
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CARTA A LOS ESPIRITUS JOVENES
Víctor Raúl Huamán
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