
El catalán Issac Albeniz, nacido en Camprodon (Gerona) en 1860, fue un niño prodigio con excepcionales aptitudes pianísticas. Con solo cuatro años de edad se exhibe por primera vez en un concierto en el Teatro Romea de Barcelona. Tiene como primera maestra a su hermana, con la cual viaja a Paris con la esperanza de ser escuchado en el conservatorio de esa ciudad, pero no es admitido, a pesar de haber superado las pruebas, por su carácter inquieto e indisciplinado. Es todavía un muchacho inmaduro cuando escapa de su hogar soñando con vivir algún día de su vocación musical. Y logra hacerlo pero su carácter rebelde frente a la vida hace que sus escapadas se repitan con asiduidad durante mucho tiempo.
Entre fuga y fuga tiene la ocasión de frecuentar por un breve periodo de tiempo el Conservatorio de Madrid, ciudad donde vive por un tiempo. Su vida de continuo vagabundeo lo lleva también por América del sur, a Cuba, a Nueva York, a Inglaterra y finalmente a Leipzig; esta ultima ciudad ira consumiendo los últimos esplendores de la capital musical europea mientras va surgiendo la nueva gloria musical de Paris.
Albeniz consigue obtener una beca para estudiar en el Conservatorio de Bruselas donde estudia con ahínco a los compositores clásicos para el piano. A los dieciocho años viaja hasta Budapest para conocer a Franz Liszt y formando parte de su sequito se traslada a Weimar y Roma. Tras dar una serie de conciertos en Cuba, México y Argentina en 1882 se establece por fin en Barcelona para recibir lecciones de composición de Felipe Pedrell quien tiene la capacidad de descubrirle así mismo como gran virtuoso del piano. Su matrimonio tiene lugar en 1883 y el nacimiento de su primera hija le sirve para moderar su frenético carácter nomada. Se establece en Madrid dedicándose a la enseñanza y continuando ahora de forma más ordenada a su trabajo como intérprete y compositor.
En 1893 y de una manera imprevista, el teatro se convierte en el principal interés de Albeniz que ese mismo año comienza su primera estancia en Paris. En esta ciudad sigue componiendo para el teatro. Su obra se representa en las principales capitales europeas, Londres, Paris, Madrid…. Desde aquel momento- y especialmente después de 1902- Paris, aunque sea con muchos y continuos alejamientos, se convierte en su residencia definitiva hasta la su muerte ocurrida en 1909 en Cambo-les-bains, donde se había refugiado para componer su maltrecha salud desde hace varios años.
Albeniz es esencialmente un pianista, nos solo ejecutante, sino sobre todo, compositor. Sus composiciones para orquesta son escasas: la más conocida es "Catalonia" en 1899. El lenguaje de Albeniz ha nacido sobre un teclado pero la verdadera clave de su arte nos la ofrece en cierto modo su propia vida errabunda y su encuentro con la música popular parisina. En las piezas pianísticas posteriores 1893, el recuerdo y la añoranza de España emergen con extraordinaria fuerza poética.
El mejor Albeniz (Iberia, La vega) carece de residuos románticos, es una entusiasta y barroca evocación que se disipa a través de un sentimiento de resignada inmovilidad. Su melodía, ofrecida siempre a través de un diseño muy incisivo y un tratamiento armónico e instrumental, tiene tanto de realista como de impresionista, si la posicionamos en una corriente artística. La España de Isaac Albeniz, es un país revivido en un monologo interior que pierde continuamente el dominio de si mismo ante la lejanía de la soledad y la nostalgia española.