
El maestro de música Gustav Mahler
Entre las graníticas obras de Gustav Mahler se encuentran 10 sinfonías que son muy celebres y colosales a la vez que muy complejas en su riqueza melódica y sonora, estos fueron nuevos sonidos, olores y colores que rompieron con la típica música vienesa aburguesada de finales de siglo XIX. Así asistimos a una renovación en la música tonal que desencadeno nuevas corrientes expresivas como el Atonalismo, Cubismo, Minimalismo, etc. que abrieron nuevos caminos en la música seria. Gustav Mahler (1860-1911) fue uno de los más grandes precursores de esta meta.
La quinta sinfonía en do sostenido menor de Gustav Mahler se termina de construir en el otoño de 1902; Mahler ira y volverá sobre ella continuamente hasta el año anterior a su muerte, 1910. Es como una continua pelea, como demuestra la ambigüedad trágica ahí expresada. Sin embargo es una etapa de casi completa felicidad para el músico.
Los dos primeros movimientos de la sinfonía forman un solo bloque aunque estén subdivididos. El tema principal se centra en la marcha fúnebre precedida de una gran llamada de atención. La visión de la muerte aparece, asumiendo Mahler la misma vulgaridad; la disposición instrumental de este movimiento evoca la típica banda de compañía al cortejo fúnebre; estamos en la época que inventa para la ostentación las llamadas "pompas fúnebres".
En el siguiente movimiento Agile, evoca de nuevo el tema de la muerte pero de una forma diferente. De una alternancia de lo dulce con lo tremendo surge una riqueza extraordinaria de matices, agudizando los timbres tanto para sugerir la agonía como ciertas expresiones idílicas, que son como presentimientos de una resurrección.
Con el tercer movimiento Scherzo, entramos en otro mundo, más rápido, más amplio, poderoso, de gran energía. El típico ritmo Vienes, el de las calles, lo intercala con la intimidad y el sosiego del lieder, tan cultivado por Mahler en los últimos años de su vida.
La música más popular de Mahler deja constancia en el Adagietto. Este movimiento es una excepción en la obra sinfónica del austriaco porque es solo para orquesta de cuerda y arpa y este criterio de la reducción, de la intimidad frente a la aglomeración sentó precedentes en la nueva escuela vienesa, como demostraron posteriormente algunos de sus miembros entre los que destacaba el director de orquesta, Gustav Mahler. Una estructura de romanza y de romanza "acuática" con el arpa al fondo - estructura antigua- se hace moderna, actual por la profundización en lo amoroso con su dialéctica entre el lirismo que fluye y el sobresalto que casi interrumpe.
En el Gigantismo del quinto movimiento rondo final, hay una continua referencia al comienzo del Adagietto. Este último tiempo para el que Mahler exigía una orquesta de solistas se atiene a una estructura muy clásica, claramente perceptible dentro de la ordenada vorágine pero con el peligro de convertirse en un barullo. La parte de fuga se ha hecho justamente famosa: el virtuosismo de esta técnica sería importante compararlo con los procedimientos que usaba Richard Strauss.
El final engrandece el típico rondo-sonata; lo que llamaríamos reexposición es más bien un signo conclusivo que nos hace entender mejor lo anterior porque entre la referencia al tiempo anterior vuelve a presentarse el tema religioso del segundo movimiento pero de una manera más triunfal y contundente.