
Cecilia Portella Morote, en la sección gastronomía de GENERACCIÓN 107 escribe un sustancioso artículo sobre la "Chanfainita". Uno de los más famosos platos de la comida al paso de nuestras vivanderas de las calles limeñas.
Lo de la comida al paso me motiva a escribir para hacer un especial reconocimiento a quienes desde la Municipalidad de Lima en coordinación con los municipios distritales y el Ministerio de Salud, en los 90s hicieron una gran tarea para preservar la salud de la población.
Desde que se inauguró, al costado del Estadio Nacional, el espacio para flores y vivanderas, (¿desde de la época de Bedoya?), no hubieron problemas significativos en cuanto a enfermedades gastrointestinales por comer en las puestos callejeros, pero las condiciones de salubridad cambiaron y se dieron muchos casos de fiebre tifoidea por la falta de higiene en los puestos que si bien se tomaban algunas precauciones; esta situación varió terriblemente cuando la peste "del cólera" que supuso un altísimo riesgo para toda la población peruana, sin importar comiere o no en los puestos callejeros, ya que la falta de higiene incluía la manipulación de los alimentos en los mercados o en los lugares de origen.
La Secretaría de Servicios Sociales de la Municipalidad de Lima -a cargo de Julia Barrera, Ricardo Belmont era entonces el alcalde, donde se encontraba el área de Salud- en coordinación con las otras secretarías empezó la tarea de batidas diarias y requisitoria de productos para así motivar e inducir a que TODOS los vendedores de comida se reeducaran en la manipulación de alimentos y condiciones de higiene y salubridad en la atención del público. Se les dio instrucciones precisas a la persona responsable y todos los que trabajaban allí de cómo deberían preparar las comidas, la higiene que deberían tener, la protección de los platos y toda la vajilla que se empleaba en el servicio, el uso del agua en depósitos cerrados, etc.
Este fue un gran momento que quizá ha pasado desapercibido para la mayoría de la población, tan es así que se menciona que el alcalde Andrade le sugiere a Cecilia, la especialista en Chanfainitas, que debe trabajar en un lugar más protegido, pero no es un hecho sin trascendencia, porque en esa época Andrade era alcalde de Miraflores y también estuvo en esta macro campaña de protección de la salud de la población.
Aunque -hasta donde sé- formalmente las autoridades gubernamentales de salud nunca hicieron una felicitación ni un especial homenaje a los médicos peruanos ni a las instituciones encargadas de la protección de la salud del pueblo, cosa que sí hicieron los Organismos Internacionales, porque para ellos fue extraordinaria la formación de los médicos peruanos; pues en un país que nunca se había dado casos "del cólera" la enfermedad se identificó inmediatamente, se dictaron las medidas profilácticas adecuadas y aprovisionó de los elementos necesarios para la rehidratación de los pacientes y se actuó rápidamente en la reeducación de la gente para evitar se repita la enfermedad, tal como sucede en algunos países asiáticos.
Gracias a estas acciones es posible leer que los usuarios, a pesar de la humildad del lugar, son personas de distintos estratos sociales y niveles culturales. Pero hay una razón, es la confianza en las condiciones de salubridad -no solo en las bondades de la comida- que se implementaron en su momento, y que se siguen aplicando hasta la fecha. Ello es el valor agregado que permite una mayor difusión de nuestras comidas no solo ente los nacionales, sino también entre los turistas que nos visitan.