
Las generaciones en el seno del APRA se suceden unas tras otras, el conflicto, cual ley, entre las que se siguen es inevitable...
Hoy en día ya se da un debate generacional en el Apra, a pesar de quienes como la curia romana medioeval no reconocen lo que es evidente, el Partido se renueva por obra de sus generaciones.
Por un lado, estamos los "ochenteros" (otros nos dicen cuarentones), cuyo periodo se inicia desde 1980 y culmina en 1993. Ahí tenemos los grandes eventos nacionales juveniles -de la JAP, el CUA y el CASI- que se sucedieron desde V° Congreso Nacional de la JAP que se llevó a cabo en Lima en 1980. Cierra este periodo el Congreso Nacional de la JAP realizado en Ica, así se cierra ese periodo. El objetivo de esta generación era la revolución aprista.
Lo que viene después es otro espacio, con los actualmente denominados "treintones". Numéricamente muy disminuidos por efectos de la dictadura fujimontesinista. Ciertamente, la política en esa época tenía otro sino, recuperar la democracia formal. Los jóvenes de la época se formaron muy cercanamente a Jorge del Castillo. Este periodo se cierra con el retorno del presidente García, ya que llegan nuevas juventudes con diferentes expectativas y distintos referentes políticos.
De acuerdo a los estudios de Ortega y Gasset, las generaciones vecinas siempre tienen conflictos entre ellas, en tanto que se forman alianzas entre las alternas. Eso ocurrió con la promoción de los 60 con la del 70, y la de los 80 con estos últimos. Con el reciente comunicado de las juventudes del partido, se verifica que hay la misma confrontación entre los treintones con los veinteañeros. Dinámica generacional pura, que no quieren reconocer los que nunca fueron capaces de leer las entre líneas de la historia.
Este intríngulis se resolverá en torno a argumentos y mayorías. Los ochenteros, de lejos tienen la mayor vigencia, partidaria y social, vean sino cómo hasta la música de los 80 gana aceptación global. Los cuarentones nos formamos aún a la sombra de Víctor Raúl, por lo tanto tenemos la misma formación que las promociones anteriores a la nuestra, ergo son potenciales aliados. Los veinteañeros han tenido un líder de la dimensión de García que opaca al que tuvieron los treintones. Y si a ello agregamos las mencionadas diferencias etáreas (ratificadas por la disputa de quién representa a la juventud), no es difícil predecir cuáles serán los resultados políticos del actual debate por la sucesión generacional.
Cuando un general se decide a dar batalla, debe estudiar muy bien el escenario, las armas con que lo hace y la disposición estratégica de sus huestes. No hacerlo, demuestra irresponsabilidad o impreparación, salvo que lo que se esté buscando es sólo gloria personal. A costas del gran sacrificado, que aquí –innecesariamente- terminará siendo la promoción de los noventa.
Esperemos que por un alto grado de reflexión y de conciencia no termine siendo así.
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