En comparación con Venezuela, Estados Unidos no tiene mucho que perder si rompe relaciones comerciales con Bolivia. Y así lo demostró el presidente George Bush, cuando propuso el viernes 26 de setiembre iniciar el proceso de suspensión de los beneficios arancelarios a Bolivia por su falta de cooperación en la lucha contra el narcotráfico. Se trata de la consecuencia de la paranoia de Evo Morales, luego que expulsara al embajador estadounidense Philip Goldberg, acusándolo de fraguar una conspiración para derrocarlo.
La decisión de la Casa Blanca ha alarmado al empresariado boliviano y su pesimismo va en aumento. El presidente de la Cámara Nacional de Exportadores de Bolivia, Eduardo Bracamonte, sostuvo que el sector exportador se encuentra “gravemente herido de muerte” con la inminente pérdida del mercado estadounidense. Las regiones más afectadas serían La Paz y Cochabamba, donde se concentra los más grandes centros fabriles de textiles, cueros y joyería, los principales productos bolivianos de exportación a Estados Unidos. Ambos departamentos también son los feudos de Evo Morales, quien no previó los efectos negativos que su bravuconería tendría hacia sus seguidores.
La Casa Blanca argumenta su decisión afirmando que Bolivia no coopera con el combate contra el narcotráfico. Así quedó formalizado cuando hace unas semanas Washington retiró a Bolivia la certificación de país que colabora en la lucha contra el narcotráfico o ejecuta políticas propias al respecto. Sin embargo, para el gobierno boliviano se trata de una venganza por la expulsión del embajador, ya que la designación a la mencionada lista negra, a la que también fueron incluidos Venezuela y Myanmar, no implica una sanción económica directa.
Temor entre los exportadores
El sector exportador de Bolivia vive bajo un clima de incertidumbre con respecto al futuro que tendrán sus productos en caso Estados Unidos no renueva el ATPDEA que vence en diciembre de este año. El presidente de la Cámara Departamental de Exportadores de Cochabamba, Goran Vranicic, ya había advertido esta represalia luego que el congresista demócrata Elliot Engel, y su colega republicano, Dan Burton, influyentes parlamentarios quienes en un principio mostraron su apoyo a la extensión de las preferencias arancelarias para Bolivia, cambiaran radicalmente sus posturas ante la expulsión del embajador estadounidense.
Las secuelas económicas para Bolivia serían graves, una “consecuencia de las desacertadas acciones del gobierno boliviano”. Así enfatizó el gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, Gary Rodríguez, quien informó que los intercambios con el mercado estadounidense significan para las exportaciones bolivianas 430 millones de dólares al año, de los cuales 250 corresponden a ventas con preferencias arancelarias. Agregó que si procede la suspensión del ATPDEA, 40 mil trabajadores quedarían sin empleo.
Por su parte, la Cámara de Industria y Comercio de Santa Cruz advirtió al diario boliviano La Razón que la imposición de aranceles en un promedio de 19% reduce la competitividad del sector frente a otras economías que exportan productos similares a Estados Unidos. Agregó que sin el ATPDEA, los productos bolivianos son 8% más caros que los de Bangladesh.
En otro momento, Eduardo Bracamonte fue más duro en sus reacciones y expresó la indignación del empresariado boliviano y sostuvo que el gobierno de Evo Morales fue irracional al lanzar lo que llamó “un ataque confrontacional innecesario” contra Estados Unidos, destino del 25% de las exportaciones bolivianas. Agregó que el resultado concreto será dejar a miles de personas en la calle.
El presidente de la Cámara de Exportadores de La Paz, Guillermo Poumont, sostuvo que la decisión de Estados Unidos pone en vilo toda la actividad económica y todos los empleos que dependen de lo exportado al mercado estadounidense. Su indignación y su rabia hacia el gobierno de Evo Morales fue compartido al afirmar que se trata de una consecuencia de la sumatoria de agravios efectuados por el mandatario al principal cliente de las exportaciones de su país.
Venganza y advertencia
La expulsión del embajador Philip Goldberg demuestra una clara falta de desconocimiento de los procesos diplomáticos por parte del gobierno de Bolivia. En los últimos meses, Evo Morales aseguraba que el gobierno de Estados Unidos, por intermedio de su agencia de ayuda al desarrollo USAid, planeaba un golpe de estado en su contra. Fue por esa razón que de manera sorpresiva el Palacio Quemado de La Paz ordenó el retiro de Goldberg.
Muy tarde. Estados Unidos ya procede para sancionar a Bolivia en detrimento de miles de trabajadores bolivianos y del desarrollo del país. El canciller del país andino, David Choquehuanca indicó que se trata de una agresión y una venganza por parte de Washington. Y puede que no le falte razón. El diplomático afirmó que esta decisión del gobierno de George Bush no se condice con los resultados de Bolivia en la lucha contra el narcotráfico. Indicó que los cultivos de coca destinada a la producción de cocaína se incrementó en 27% en Colombia, mientras que en Bolivia, sólo subió en un 5%. Además, semanas atrás Choquehuanca se sintió sorprendido con la posibilidad de esta sanción al afirmar que el año pasado Bolivia no recibió ninguna objeción en su esfuerzo por combatir el tráfico ilícito de drogas. Dijo que no es posible que en un año Washington cambie su posición tan radicalmente.
En esta coyuntura no podía faltar un tercer actor. Hace unas semanas el presidente ruso, Dmitri Medvedev aprovechó las denuncias de Morales sobre un posible derrocamiento y advirtió a Estados Unidos que no puede inmiscuirse en los problemas internos de sus vecinos. Estas declaraciones casi coincidieron con el anuncio del gobierno de Bolivia sobre la pronta suscripción de un convenio bilateral con Moscú que implicará la capacitación de agentes militares y policiales antidrogas, asesoramiento logístico, dotación de helicópteros y dinero.
Con este respaldo, Evo Morales aseguró que su país está preparado para enfrentar la suspensión del ATPDEA. A poco de conocida la suspensión de este beneficio comercial, el mandatario sostuvo que Bolivia cuenta con otros socios comerciales que puedan comprar sus productos. Tras la decisión de Washington de sancionar a Bolivia, Morales comentó que dio órdenes a su equipo económico de abrir mercados con China, Irán e India.
Pese a que la subida de las tasas aduaneras no será inmediato, Bolivia ya debe prepararse. El proceso de evaluación para la suspensión del ATPDA, que ya está en manos de la Secretaría de Comercio Exterior de Washington, tomará 30 días a partir de publicada la decisión, para luego iniciar una audiencia pública cuya fecha aún está por determinar. Solo entonces, George Bush podrá suspender las preferencias arancelarias, para lo que no requiere de la autorización del Congreso.
Y hasta que el gobierno boliviano busque otros mercados, el sector exportador sufrirá graves pérdidas en perjuicio no sólo de los grandes y medianos empresarios, sino de aquellos emergentes que buscaron abrir mercados pese a las dificultades provocadas por la pésima política de comercio internacional que caracteriza el anacrónico gobierno de Evo Morales.