
Juan Carlos Onetti
Juan Carlos Onetti está considerado como uno de los escritores más destacados de la Literatura Latinoamericana. Nacido en Uruguay en 1909. A los trece años abandono sus estudios secundarios para dedicarse a realizar diversos trabajos para poder sobrevivir. Su carrera periodística se inicio de adolescente.
Fue secretario de redacción de la revista "Marcha", la más trascendente publicación uruguaya del siglo XX. En esta época, Onetti, vivió en intermitentemente entres Buenos Aires y Montevideo, ciudades en las que están ambientados la mayoría de sus relatos desilusionados.
El Pozo de (1939), tuvo una acogida muy fría por parte del público, mas tarde con la publicación de su cuento "La vida breve" en 1950 se volvería un escritor "de culto" por sus fanáticos, los pocos que lo leyeron en ese entonces lo consideraron como un narrador insuperable. Tras el fenómeno del Boom Literario en los años cincuenta se volvió a revisar toda su obra y volver a ser revalorizada en su real dimensión.
En 1974, Onetti fue encarcelado por su oposición al régimen autoritario, dictatorial, que había tomado el poder en su país, experiencia que lo marco profundamente llevándolo a escribir al año siguiente, después de haberse exiliado en España, ciudad en la que se residiría hasta el día de su muerte.
Fue galardonado con el Premio de Cervantes en 1980. Los diez últimos años de si vida se la pasó echado en su cama, fumando leyendo, escribiendo y bebiendo, lo cual le complico la salud de forma que tuvo que ser hospitalizado varias veces en pocos años. Murió en Madrid el 30 de mayo de 1994. Otras novelas del gran autor uruguayo son: "Tierra de Nadie", "El Astillero", "Juntacadáveres", "Dejemos hablar al viento" y "Cuando ya no importe".
Existe un prejuicio muy arraigado de que es muy difícil leer a Onetti, pero esto es un sofisma, esta aseveración se debe a que el autor suele cubrir con un lenguaje denso, sus historia narradas a través de una bruma espesa que se condice con la penumbra moral y existencial en las que viven sus personajes.
Sin embargo esta aparente dificultad se convierte en invitación a ingresar a un mundo en el que podemos reconocer las frustraciones, las limitaciones y los miedos propios de nuestra naturaleza humana: una visión más clara y actual de estos tiempos que se traduce en la corrupción de la sociedad, sus efectos y un envilecimiento moral que sacude los cimientos de la vida misma. Ante esto la desesperación y el hastió parecen ser el único camino para la catarsis.
La resignación de "admito mi soledad como admito mi tristeza" marca la piedra angular de su toda su obra desilusionada y levemente pesimista. Este reconocimiento será la llave que nos abrirá las puertas del universo de Onetti a través de sus ojos pero con la feliz alternativa de buscar nuestras propias respuestas.
El lector de Onetti podrá descubrir el asco de un mundo degradado, el resentimiento por el paso inevitable del tiempo pero también con pocos momentos de felicidad etérea y pasajera que endulzan este enfoque del mundo tan deshumanizado. Onetti es uno de los pocos, grandes escritores que ha perdurado en la memoria de todos sus lectores y seguirá inspirando el modo de entender la literatura hasta el último día en que se le recuerde.