
Mario Vargas Llosa
Un desenlace posible del choque de Mario Vargas Llosa con Hugo Chávez es el renacimiento de un candidato presidencial. El dirigente del antiguo movimiento Libertad no conocía reflectores políticos de este calibre desde 1990. Ahora Chávez le abre la posibilidad de ubicarse como una figura antiautoritaria de primera magnitud.
El bicho político y la línea central ya estaban allí antes del viaje a Caracas. Su comparación del fujimorismo y el humalismo como opciones electorales con el cáncer y el sida implícitamente delinea un espacio y una línea de batalla desde el liberalismo radical poco frecuentes en el clima político peruano de estos días.
Alan García ha captado rápido el peso de lo que podría estar sucediendo, y se ha adelantado a muchos jugándose un huachito con declaraciones de apoyo a Vargas Llosa. No descartemos alguna forma de recibimiento de sus fans, antiguos y nuevos, en el aeropuerto Jorge Chávez. Eso, y un buen discurso, podrían empezar a poner las cosas en marcha.
Es cierto que hay una derecha que vería con muy buenos ojos a alguien que le ayude a confrontar a Ollanta Humala, y a la vez le evite el trago amargo de tener que hacerlo con la candidata fujimorista. Existen algunos precandidatos para la tarea, pero en eso siempre hay sitio para uno más, y mejor aun si es prestigioso, mediático y brioso.
Pero en términos de política práctica, ¿ha aprendido algo Vargas Llosa en casi 20 años? Este es el tipo de cosa que recién se descubre sobre la marcha. Por lo pronto el tiempo no ha mellado un discurso confrontacional que desconfía de los matices, y que en cierto modo fue el que lo lanzó a fines de los años 80.
En casi 20 años mucho de lo que preconizaba Vargas Llosa se ha vuelto sentido común en diversas tiendas políticas, incluso de izquierda. Lo cual es para él una bendición a medias. A la vez el electorado popular observa cada vez menos las ideas y más las imágenes personales. El resto de los votantes en cambio busca virtudes administrativas.
Hay otros roles disponibles para Vargas Llosa aparte del de candidato presidencial, pero no en el Perú. La tarea de establecer el Museo de la Memoria es honrosa, pero en lo estrictamente político replica el encargo que le hizo Fernando Belaunde en 1983. También una candidatura tendría algo de segundo tomo.
Lo que está sucediendo en Caracas quizás abre un capítulo distinto, con un Chávez intensificando su marcha sobre la gran propiedad privada y las libertades públicas, y una derecha continental escalando una campaña que hasta ahora ha sido más bien asordinada. No es difícil imaginar a Vargas Llosa liderando ese nuevo activismo.
Fuente: La República