
Manifestación de una crisis de dirección generacional
El día de hoy, en el diario La República, el sociólogo Nelson Manrique formula un cuestionamiento severo contra el Partido. Directamente lo acusa de no tener intelectuales, contrario a la situación originaria en que el aprismo gozó de su importante presencia. Recuerda Manrique los aportes y los valores de Manuel Seoane, Luis Alberto Sánchez y hasta al propio Andrés Townsend, líderes en su momento del aprismo, comparándolos con los de nuestras épocas, Jorge del Castillo, Mercedes Cabanillas y Mauricio Mulder.
Uno de los usos más adecuados que se tiene del concepto de generación es el de aplicarlo como instrumento para comparar épocas. Y es eso justamente lo que ha hecho Manrique. Pero además, el concepto de generación nos sirve para ubicar las circunstancias históricas de su aparición y desenvolvimiento. Por ello podemos trazar una línea divisoria entre la época que marcó la generación fundadora y la época que está marcando la generación que la sucedió. La generación fundadora tuvo un periodo de gestión de aproximadamente 40 años, entre los años 30 y los años 70. Ese es el tiempo en que tuvo vigencia su estilo de dirección. Durante los 70 cae en crisis y con ella el Partido, situación que se supera solamente con la aparición de la generación de Alan García, con quienes llega al poder en 1985.
Ambas generaciones tuvieron formas diferentes de concebir y hacer la política. En tanto que la primera formuló la propuesta política y sufrió inmerecidamente para hacerla realidad, la generación sucesora se centró en hacer la diferencia y conquistar lo que la anterior no había logrado, el poder del Estado. La generación sucesora se caracterizó por la astucia política, por la habilidad para celebrar acuerdos y para convivir con los viejos adversarios (por algo fueron formados en su juventud por Ramiro Prialé). Ese considero que es el motivo del porqué la generación sucesora llegó a considerar innecesario el desarrollo intelectual. Alguna vez le pregunté a un otrora delfín de Víctor Raúl porqué nunca había escrito un libro, y me respondió "porque ya todo lo había dicho Haya de la Torre". Cada generación se traza un derrotero y lucha por cumplirlo, la generación de García lo hizo y lo logró, y se ganó un sitio en la historia por ello. Pero nada más.
¿Cuál fue más grande? ¿La generación que formuló un proyecto político o la generación que llegó al poder? La verdad es que el partido se divide entre quienes eligen una u otra alternativa. Pero, en las circunstancias actuales eso es discutir sobre el pasado. El presente es, estamos en el poder y debemos cumplir con nuestro proyecto político. Esos son los términos de una generación que no repite a los fundadores ni a los sucesores, sino que asume su responsabilidad histórica y piensa en renovación.
La generación renovadora debe ser la síntesis que combina el proyecto político con la habilidad para llegar al poder, para hacer la transformación desde el poder. Y eso implica reivindicar a los intelectuales y a los activistas. Que ha sido el gran divorcio causado por la generación sucesora, al cual nosotros debemos cuestionar severamente hasta lograr su plena reconciliación.
¿Qué intelectuales ha promovido el Apra en los últimos 25 años? ¿Existe una propuesta intelectual aprista en la actualidad? Existen intelectuales apristas, por supuesto, pero puras individualidades. No hay un corpus común que los identifique y les de presencia orgánico-ideológica en el mundo cultural y mucho menos en lo político. ¿Es aceptable eso en la época de la sociedad del conocimiento? De ninguna manera.
Es vergonzoso que el partido que reivindica la modernidad no esté en condiciones de expresar en su propia organización lo que es esa sociedad del conocimiento, donde lo importantes es la capacidad de creación y procesamiento de información. Por eso, el del intelecto es un trabajo también, así como el trabajador manual también lo es intelectual. Que lejos estamos de ser eso en el Partido. Hoy en día el Apra debería ser el partido de los trabajadores manuales-intelectuales, cuando lo que somos es una organización electoral burocrático–clientelista. El proyecto transformador de la generación fundadora ha sido desplazado por el instrumentalista de la captura y la conservación del poder. Y ello sólo no basta. Ese modelo de gestión debe ser superado no sólo por exigencia ética, sino también por su incapacidad práctica de servir para resolver los problemas inherentes al modelo actual en total crisis.
La política de la actualidad es bomberil, no es capaz de prevenir, porque tendría que corregir las fallas del sistema, y eso sería negar las propias bases del modelo, que los "asesores neoliberales" no aceptarán. Se dice "¿Quién da alternativas? El Partido no tiene técnicos calificados que las formulen". Y es ese el momento donde aparecen las propias debilidades de su estilo de gestión. Porque lo que ocurre ahora es consecuencia de su propio modelo de dirección política. Si "fuera de conseguir votos nada es importante, (por tanto) sólo interesan los activistas", la ausencia de profesionales formados integralmente no es culpa de los militantes, es culpa de quienes dirigieron al partido en los últimos 25 años.
La generación renovadora no puede cometer el mismo error. Debe saber combinar lo urgente con lo importante, al activista con el intelectual, a los principios con la práctica. Rescatemos a nuestros intelectuales, perdidos, olvidados, hasta maltratados. Gobernar bien es tan importante como conseguir ganar una elección, porque lo que realmente buscamos nosotros es hacer la transformación social. Nunca lo olvidemos.
Lima, 6 de mayo del 2009.