Mi madre heredo y aun conserva un juego de té de porcelana, mantel y servilletas bordadas y almidonadas siempre listos ante la eventualidad de una visita inesperada.
Esta precaución materna me enseño la importancia de ser atentos con los familiares, vecinos o compadres que cordialmente se acercan a nuestro domicilio.
Es una costumbre nacional saludar espontanea y personalmente a los camaradas con motivo de cumpleaños, ascensos, nacimientos, defunciones o enfermedad.
En acontecimientos especiales que se envían tarjetas de recordación, el mejor convidante es el que está preparado para las situaciones más inverosímiles salvo la ausencia mayoritaria de los participados. No hay fórmula para subsanar un desplante general.
Para evitar la reciprocidad negativa hemos debido asistir antes a reuniones convocadas por amigos, parientes y conocidos. También ayuda al éxito, tener una reputación de host basada en anteriores ágapes organizados por uno en que los huéspedes salieron satisfechos.
No es ningún secreto la receta para cautivar a los comensales. Todos agradecemos la autenticidad de la persona que acoge a otra en su casa o mesa y de buen grado comparte lo suyo.
No obstante, es muy peruano brindar fiestas que importan onerosas deudas. Sin embargo, son muy pocos los persuadidos ante la repentina demostración de riqueza del oferente.
En noviembre, Alan García recibirá a 20 jefes de estado de la APEC. Los mandatarios de Estados Unidos, China y Japón entre otros ya han asistido a innumerables recepciones y cumbres.
Sería un grave error que García convide banquetes pantagruélicos, regale obsequios costosos o programe entretenimientos espectaculares. Una conducta de trepador rompón es contraproducente.
La relativamente modesta situación económica del país impone una actuación sobria y digna. Es mejor ser considerado un advenedizo austero que un arribista botarate.