Hace unos cuantos años, un ex jefe mío nos decía a un grupo de colaboradores suyos: “Prepárense para ser independientes”. Se refería al hecho de que si uno pierde un trabajo en una empresa después de los cuarenta años, existen altas probabilidades de que no volvamos a ser empleados nuevamente, al menos en las condiciones o con el sueldo que teníamos cuando estábamos por debajo de esa limitante.
Por esa misma época, coincidentemente, aparecía un investigador japonés sugiriendo que la única manera de ganar dinero – ¡realmente ganar dinero!– era incorporándose a las filas de los inversionistas. En otras palabras, la escalera ascendente de los ingresos tenía al empleado en el peldaño inferior, al empresario en los peldaños intermedios, y al sagaz y perspicaz inversionista en la cúspide, por no decir en la gloria. La buena noticia era que “todos podemos ser inversionistas”.
Entonces podemos afirmar que estamos asistiendo al fin de ésta receta y que muchos estarán felices de contar ahora con un empleo seguro, un sueldo seguro a fin de mes, cobertura médica, etcétera. Personalmente, creo que la realidad se presenta algo más compleja y perpleja, sobre todo si tomamos conciencia de que esta crisis se va a llevar a cuestas –ya lo está haciendo - un número no pequeño de puestos de trabajo.
Me parece que, irónicamente, tenemos una lección que aprender de los inversionistas –estoy pensando en los buenos inversionistas, los inversionistas inteligentes. Como todos sabemos, el “ABC” del buen inversionista comienza con la regla de la diversificación. Las fichas deben estar equilibradamente distribuidas en un portafolio inteligentemente diversificado. La crisis puede llegar a ser tan brutal que todos, indefectiblemente, estemos siendo afectados.
Pero una cosa es cierta: quienes tienen un buen portafolio saldrán mejor parados, y estarán en mejores condiciones cuando las oportunidades aparezcan. Es más: les puedo asegurar que los más inteligentes están haciendo sus mejores jugadas en este preciso momento.
¿Qué estoy queriendo decir? Si usted tiene un buen empleo en este momento, no se aferre a él. Prepárese para cuando ese empleo ya no esté. Prepárese para cuando ser empleado ya no sea una opción. Si usted es emprendedor, prepárese para el próximo emprendimiento. Diversifique sus emprendimientos. El rubro en el que está trabajando actualmente puede pasar por una fuerte retracción en cualquier momento. Es más, toda esa industria puede desaparecer de un plumazo de la noche a la mañana.
En serio, si una lección tenemos que aprender de esta crisis, como de tantas otras del pasado, es que los pronósticos más fatídicos pueden quedarse cortos, y antes que usted pueda reaccionar, lo peor habrá sucedido.
Y una última cosa: ¡¡¡Fuera con el pesimismo!!! El mundo está lleno de oportunidades. La vida está llena de oportunidades. Recuerde: ni el pesimismo ni el optimismo son cosas que estén ahí afuera acechándonos como a presas indefensas. Tanto el pesimismo como el optimismo están adentro suyo. Explote y desarrolle el optimismo, porque lo que sí está allí afuera son las oportunidades, y sólo quienes las busquen con optimismo las encontrarán.
Hasta pronto,
Su amigo…
LIC. RAMON RIOS ARGUMEDO