La educación que recibimos en la cultura occidental nos impulsa, muchas veces, a generar en nosotros mismos un sentimiento de culpa. Parecemos tener la necesidad de castigarnos, y no hay sentencias ligeras. Nuestro juez interior nos condena tras habernos hallado culpables de la más mínima infracción o error.
Como muchos sentimientos, la culpa está precedida y es consecuencia de la escala de valores con que nos regimos en la vida. Si se produce un desencuentro entre nuestro ideal de cómo ha de ser nuestro comportamiento y la realidad vivida, causará conflictos personales que pueden provocar un sentimiento de culpa disfuncional. O sea, un sentimiento que nos tortura, que nos hace menospreciarnos, y que nos impulsa a castigarnos. Este auto castigo puede ser desde un simple remordimiento hasta boicotearnos algún logro, e incluso generarnos una enfermedad.
Uno de los errores más comunes del ser humano reside en no aceptar las realidades o consecuencias de nuestras acciones. De forma natural tendemos siempre a protegernos de cualquier situación que nos pueda causar dolor, daño o vergüenza. Por tal razón, cuando éramos pequeños y nuestra madre o padre preguntaba "¿Tú rompiste esto?", nuestra respuesta casi siempre era que "no" (a no ser que nos vieran).
Ahora, es necesario considerar que la culpa (como una emoción que nos encadena), es una reacción que podemos controlar si hemos entendido el mecanismo que la produce. Uno puede vivir culpable toda la vida, pero la emoción de sentirse libre de toda culpa es como haber recuperado la inocencia y la creatividad, como cuando después de un día nublado por fin sale el sol.
Nuestra propuesta es observar y comprender este mecanismo, para luego aprender a transformar la culpa disfuncional, que nos tortura, en una culpa que nos sirva para aprender, crecer y mejorarnos.
Hasta pronto,
Su amigo…
LIC. RAMON RIOS ARGUMEDO
Suele considerarse a la culpa como una “emoción negativa”, torturadora, que no deja vivir. Ésa es la forma disfuncional de la culpa, y es posible aprender a transformarla en un valiosísimo aliado que repara sin torturar.
Suele considerarse a la culpa como una “emoción negativa”, torturadora, que no deja vivir. Ésa es la forma disfuncional de la culpa, y es posible aprender a transformarla en un valiosísimo aliado que repara sin torturar.
Suele considerarse a la culpa como una “emoción negativa”, torturadora, que no deja vivir. Ésa es la forma disfuncional de la culpa, y es posible aprender a transformarla en un valiosísimo aliado que repara sin torturar.
Suele considerarse a la culpa como una “emoción negativa”, torturadora, que no deja vivir. Ésa es la forma disfuncional de la culpa, y es posible aprender a transformarla en un valiosísimo aliado que repara sin torturar.