El gobierno aprista ha conseguido generar su primer consenso nacional: provocar el repudio por su responsabilidad en la muerte de 33 personas en Bagua. Lo que más indigna como ciudadano es que se pretende deslindar responsabilidades orientando acusaciones a los movimientos indígenas, al financiamiento internacional de protestas, al humalismo y otras causas, y oculta su responsabilidad en la muerte de todos estos ciudadanos asesinados.
No hay duda que debe haber responsabilidad penal de quienes cometieron los crímenes, para eso está el ministerio público. Pero, también debe haber responsabilidad política. Llama la atención como la ministra Cabanillas aún está atornillada en el ministerio del interior. Por una cuestión ética debería colocar a disposición su cargo. Que debería suceder para que renuncie? Ella no es la responsable política directa de las acciones del Ministerio?. En cuanto perdía tiempo apareciendo en los medios cuando se presentaba entregando una banderola a los hinchas de la U, decenas de policías continuaban secuestrados.
La sumatoria de errores que dieron como resultado estos crímenes demuestran la inhabilidad de este gobierno en manejar conflictos sociales, creer que puede manipular las mesas de diálogo como si fueran asambleas internas del partido aprista se expresan en la actitud de Javier Velásquez Quesquén el presidente del Congreso que dilató la derogatoria de los decretos en conflicto por cuestiones secundarias.
No hay duda que los hombres honestos y honrados de este país no podrán dejar de reconocer que existe responsabilidad política del gobierno. La alianza entre los fujimoristas, unidad nacional y el Apra de hecho impedirán una investigación correcta y transparente, no obstante, a la responsabilidad política, le seguirá al término de este mandato la responsabilidad penal a este gobierno.
¡Cuidado...! "Ahora que perro, y pericote están juntos es porque están en contra del cocinero". Sin duda la miopía no consigue distinguir esto. Continuando con estos desatinos, este gobierno puede pasar a ser un gobierno de transición.