Los llamados "petroaudios" han involucrado personajes importantes y desestabilizado el escenario político. Más allá de la responsabilidad penal de los dos malandrines que aprovecharon el cargo público y sus contactos para enriquecerse, nos queda la tristeza de ver injustamente maltratados a amigos y personas de bien que integrando el gabinete salen con un inmerecido desgaste político y personal. Tal el caso, entre otros, de Jorge del Castillo quien durante dos años realizó muy buena gestión, amiga de las buenas maneras, del sentido común y el diálogo. Cualidades ligadas a la honestidad y al compromiso por el país.
El gobierno y el gobernante reaccionaron bien y rápido, diferenciando la responsabilidad penal de la política, pero la erosión afecta lamentablemente la confianza y la credibilidad del régimen. El daño al país está hecho. Y es que la corrupción es el mayor flagelo que los peruanos debemos combatir. No sólo es nacional, es internacional y atraviesa todas las actividades humanas. Ligada a la "cosa pública" pues el dinero que se roba es siempre al Estado y nunca al capital privado. Se disminuyen así los recursos destinados al gasto social en beneficio de los más desfavorecidos. Este cáncer devora a los pueblos e individuos que se adaptan a ella.
ECHAR A PERDER LO AVANZADO
Corrompere del latín, significa "echar a perder". Tiene que ver con corromper y su resultado es la putrefacción. Degrada principios y valores, su costo no es cuantificable aunque según los organismos internacionales especializados representa un 20 o 30 por ciento del presupuesto administrado por la función pública para pagar sobornos, amiguismo, clientelismo, malversación de fondos en las transacciones del Estado y en la contratación de servicios brindados por terceros.
Su costo no se agota en estas manifestaciones, contamina el sistema social, va contra los valores de un país civilizado, establece nuevos y negativos códigos de impunidad, de irrespeto a la ley, de ausencia de conciencia cívica. Esta contaminación distorsiona la ética social, impone reglas en paralelo para ciudadanos que aceptan la alternativa ilícita para mejorar económicamente. La marginalidad, la violencia, el crecimiento de la pobreza, la crisis de la educación y de la salud, así como la desocupación, están vinculados con la corrupción que agrava el desencuentro de la sociedad con el Estado.
EL VALE TODO Y EL NADA VALE
Conozco muchos empleados del Estado con un compromiso que los trasciende, que tienen la bandera de la patria anclada en el corazón y que podrían en poco tiempo transformar la Nación. Muchos y valiosos luchan por mantenerse en sus principios sin contaminarse pero no es fácil. Esa gente idónea, ética, capaz de levantar banderas y valores nacionales navega contra la corriente y tendrá dificultades pues el que no es negociable, el que no exhibe flexibilidad, o no se adecua puede ser tachado de desadaptado. Lo hemos vivido.
La "vista gorda", compromete el patrimonio público, la vida humana y el medio ambiente. Puede ser un crimen contra las generaciones futuras. Pero el que denuncia puede ser despedido y hasta procesado sin garantías por desgaste, miedo e impotencia del entorno.
La corrupción impide planificar y sostener una política en el tiempo. Planes y programas se esfuman en el camino. No hay continuidad ni persistencia para alcanzar metas porque siempre alguien se opone por sentirse amenazado o por defender el interés particular sobre el nacional. Primero está el rédito financiero cuando no el político. Estamos en el mundo del vale todo y nada vale.
El corrupto es un traidor a la patria y como tal debe ser juzgado. Por plata compromete condena a la miseria a miles de compatriotas y hace peligrar la estabilidad política y jurídica necesaria para el desarrollo. Parte de la solución a nuestros graves problemas pasa por desmantelar la corrupción y eliminar sus representantes visibles e invisibles. Es necesario absoluta firmeza, valentía, decisión y sobre todo nada de negociación. Con el corrupto siempre se pierde, nunca se negocia.