Después de 15 años alojado en el Congreso, Chile ratificó el Convenio 169 de la OIT, acerca de los pueblos y comunidades indígenas y tribales. Sin embargo, aunque esto haya ocurrido y el Estado tenga la obligación de ponerlo en marcha el próximo 15 de septiembre, es innegable que la discusión sólo ha mostrado un punto de inicio y no puntos de acuerdo.
Y es que aunque no lo parezca, el tema en nuestro país tiende a ideologizarse, sobre todo cuando existen variados intereses de por medio.
Por un lado, están quienes piensan que fue una torpeza por parte de Chile haber ratificado el convenio, con lo que apuntan a una discusión en torno a un hecho que ya es parte de la realidad nacional e internacional; discutir por qué se aprobó la iniciativa es algo sin ninguna utilidad ni justificación.
Del otro lado, están aquellos que sostienen que cualquier propuesta acerca de la implementación del 169 resulta insuficiente. Aunque esta postura puede ser compartida por algunos, al radicalizarse va provocando la inmovilidad de un conjunto de avances que, aunque se consideren pequeños, asumen el reconocimiento de la deuda que nuestra sociedad tiene con los pueblos originarios.
En un país como Chile, en donde la política está empatada porque se enmarca en un sistema electoral que impide materializar avances más rápidos y de mejor calidad, podemos concluir que, en una materia tan compleja y con traumas históricos, no es posible avanzar sin la gestación de una instancia de diálogo participativo, efectivo, integrada por los distintos actores involucrados en el tema, que vaya trabajando en la colaboración y comprensión mutua y que valide con un menor índice de resistencia a las decisiones que adopte.
Somos cautivos de nuestros sesgos, de nuestros complejos, de nuestra historia, de nuestros prejuicios y de nuestros rencores. Hablamos de una actitud que, a estas alturas, puede suponer un gran riesgo para nuestra "vía hacia el desarrollo" y, aún más, puede constituirse un una involución y la pérdida de un gran oportunidad para crecer y construir juntos.
Opinión de un chileno
La instalación de una Mesa de Diálogo Indígena permitiría derribar mitos, desprejuiciar el tema y desideologizarlo, para avanzar en la comprensión mediante la colaboración, es decir, para lograr que en estas materias se destraben los obstáculos para proponer soluciones que, aunque no sean de completa satisfacción de los actores, contribuirían a la gobernabilidad y democracia de nuestro país.
17 de junio de 2009
Compilado por Economista Gilberto Ojeda Salazar