Tal vez a usted como yo se ha peleado más de una vez con un teléfono “tragamonedas”. Lo más probable es que le propine uno que otro golpe al pobre aparato. Claro está, después de haberle mentado la madre a las empresas de telefonía.
Luego de esta experiencia, seguro que tendremos detrás uno o dos jóvenes armados con polos de color llamativo, una simpática gorrita y por supuesto un puñado de celulares. ¿Llamadas caballero?, nos dicen al paso.
Estos personajes cada vez más numerosos están ubicados estratégicamente como para dejar plantado a cualquier teléfono defectuoso o para jalarle la clientela a cualquier locutorio formal. Tal vez no lo sepa, pero estamos en los días del boom de los locutorios ambulantes.
La pregunta que uno se hace es por qué hay tantos chicos que ofrecen llamadas. La respuesta es sencilla. Cada uno de ellos vende en promedio de ochenta soles al día. Es decir 2 400 al mes, obteniendo una ganancia del 50 %, ósea de S/1200.00.A esto se le agrega la ventaja de que no pagan impuestos, alquiler ni luz. Negocio redondo.
Las modalidades con las que trabajan son las más diversas. La más común de ellas es la del celular tarjetero, el cual aprovecha al máximo la opciones de triplicar y obtener minutos adicionales por cada recarga. Otra forma son las líneas post pago, las cuales tienen una tarifa a mitad de precio de lo que se vende la llamada. Están también los que cambian constantemente de chip el cual viene con 90 soles de recarga. Por último están los que adquieren paquetes de 3 mil minutos a más, los mismos que dan un promedio de 20 céntimos por llamada.
Si creía que el precio es la única ventaja que ofrecen los llamados locutorios ambulantes que es en promedio es de 50 céntimos por llamada local y 70 por la nacional: ¡se equivoca! Es la atención rápida y personalizada la que le da un valor extra.”Prefiero los ambulantes porque me atienden rápido y de buena manera. En los formales a veces hay cola y quieren cobrar más”, comenta un cliente contento.
Lo cierto es que se ofrecen precios más o menos similares, pero los ambulantes parecen estar más cerca y siempre dispuestos a dar la yapa hasta de 5 segundos. Además es más que sabido que la mayoría de locutorios utilizan software que le permiten acelerar los cronómetros y así cobrar tarifas más altas que las consumidas. Con los ambulantes se tiene la sensación de que se paga por lo que se habla.
Este fenómeno apareció cuando los que, en principio vendían tarjetas prepago, comenzaron a dar servicio de recarga virtual y se dieron cuenta que podían ofrecer llamadas a un costo módico. Si duda los grandes beneficiados somos los consumidores que tenemos más alternativas.
Ahora es casi inevitable cruzarnos con alguno de ellos en el mercado, centro o zonas comerciales de nuestra ciudad, no se tienen aún datos específicos de cuántos y quienes ejercen este oficio. Esto se hace ahora imprescindible, pues si bien aún no tienen líos con el serenazgo, esto no tardará en llegar.
Se da el caso de que los propietarios de los locutorios formales se están quejando, pues gracias a este fenómeno están perdiendo ingresos. Lo más curioso es que son los mismos formales los que reclutan ejército de jóvenes para ofrecer este servicio en diferentes puntos de la ciudad, ampliando a gran escala sus ingresos.
No esperemos que lo que constituye una buena alternativa de empleo, se termine convirtiendo en un caos para recién recibir una “llamada”, pero de atención.