
Fernando Rospigliosi
Aunque algunos anuncian que ya se volteó la página, la realidad muestra otra cosa. Lo que está sucediendo en Andahuaylas y en Sicuani señala un camino que tomarán otros pueblos y grupos sociales en el futuro. Si el gobierno cedió ante los nativos de la selva que bloquearon carreteras y asesinaron policías, el método será reproducido en nuevos lugares.
La arrogancia del presidente Alan García parece no tener límites. Su floja autocrítica indica que en realidad solo quiere capear el temporal para volver a las andadas. Su negativa a cambiar el gabinete de inmediato, empezando por la inepta ministra del Interior, es un intento para no admitir lo evidente: la derrota del gobierno ha sido total y completa.
NO SUPO IRSE
El premier Yehude Simon tuvo un arrebato de lucidez y de independencia cuando fue a la selva central y concedió a los nativos todo lo que le pedían. Después se presentó en el Congreso con los apus. No parecía el Premier, sino un representante de los nativos. Sólo le faltaban las plumas y la pintura.
Desde el punto de vista de sus intereses políticos, lo hizo bien. Los apristas y sus aliados fujimoristas y de UN quedaron completamente descolocados, aborreciendo a Simon más que antes.
Era el momento perfecto para irse. Si renunciaba el viernes, con el argumento de que ya había resuelto el conflicto, podía salvar un retazo, una hilacha, de su magullada reputación. No lo hizo. Alan García lo envolvió otra vez y ahora lo estrujará y lo humillará, para que salga con su prestigio y consideración por los suelos.
En Andahuaylas la situación es muy complicada, porque hay varios grupos con demandas distintas. Y el miércoles, en el Congreso, todos lo van a vapulear, sin que los apristas lo defiendan.
¿QUIÉN DIO LA ORDEN?
Los humalistas por primera vez han dado en el clavo. En lugar de una farragosa lista de preguntas, han planteado una sola para la interpelación: ¿quién dio la orden para el desalojo en Bagua?
Todos saben que el que dio la orden fue García. Pero él es inimputable. Quien tiene que pagar es el Premier que, por tanto, está desahuciado. Quien ejecutó la orden de García, con la incompetencia que la caracteriza, fue Mercedes Cabanillas, que también tiene que irse (aunque difícilmente la censurarán, porque sabe cómo presionar, sobornar y persuadir a sus colegas del Congreso).
En suma, el gabinete está liquidado, aunque García, enigmáticamente, prolongue su agonía. Y la crisis.
Recordando
En los últimos días varias personas me han mencionado evocando sucesos ocurridos en el gobierno anterior. Por ejemplo, el premier Yehude Simon dijo el domingo pasado: "Recuerdo al ministro Rospigliosi y el Arequipazo". Mariella Balbi le repregunta: "Quien sí fue censurado con los votos del APRA". Y Simon responde: "Salió porque tuvo el coraje de decir lo que pensaba del Congreso. Lo enfrentó, lo mandó al diablo". (El Comercio, 14.6.09).
En realidad, se están confundiendo dos sucesos diferentes.
El primero, la revuelta en Arequipa contra la privatización de dos empresas eléctricas. En ese caso, una movilización masiva superó la posibilidad de la Policía de mantener el orden. El 19 de junio del 2002, el vicepresidente Raúl Diez Canseco firmó el acta de rendición del gobierno con el alcalde Manuel Guillén.
El evento se transmitió en directo por TV. Yo estaba en Palacio de Gobierno con el presidente Alejandro Toledo y renuncié en ese instante. Me había enfrentado políticamente a los revoltosos y ellos ganaron. Ahí terminó mi primera gestión.
En Arequipa no murió ningún policía, ni ningún huelguista fue muerto por disparos de la Policía. Lamentablemente, fallecieron dos personas por contusiones, en las refriegas que enfrentaron a decenas de miles de manifestantes con centenares de policías.
El otro suceso es el de Ilave. Yo había retornado al Ministerio del Interior. En Ilave dos facciones disputaban violentamente el municipio. No había ningún reclamo al gobierno. El 26 de abril del 2004, el alcalde, que había estado refugiado en Puno y regresó subrepticiamente pocas horas antes, fue asesinado por la facción rival.
No murió ningún policía ni ningún manifestante.
El Apra aprovechó ese pretexto para censurarme en el Congreso, con la ayuda de otros grupos y una parte del oficialismo.
En el Congreso, traté a esa caterva como se merecía. En palabras de Simon, "tuvo el coraje de decir lo que pensaba del Congreso. Lo enfrentó, lo mandó al diablo".
Un último dato. Los sucesos de Ilave se produjeron el 26 de abril del 2004. El Congreso me censuró el 5 de mayo, nueve días después.
La peor masacre ocurrida en un asunto de orden público en el Perú y la mayor matanza de policías en la historia del país, sucedió el 5 de junio, en Bagua, hace dieciséis días. Todavía no pasa nada y es poco probable que la responsable directa sea censurada por un Congreso controlado por el APRA.
Esa es la diferencia del Apra en la oposición y el APRA en el poder. Incapaces e ineptos para gobernar, pero habilísimos para la maniobra y el chanchullo.
Fuente: La República