
¿Quí tienen en común la capital de Irán y la capital de la ira amazónica? Bastante, para el influyente periodista Josí Luis Orihuela, que escribió en su blog del ABC de España que los sucesos ocurridos alrededor de ambas ciudades "revelan los nuevos contornos de un escenario de la comunicación pública en el que cada vez hay menos espacio para el control de la información".Ya hemos hablado sobre el descontrol de la información de los sucesos del 5 de junio. Una libertad que le está haciendo la vida difícil a la Cancillería peruana, dedicada ahora a hacer control de los daños que sufrió la imagen del gobierno. Lástima que Joselo García Belaunde y su combo hayan decidido hacerlo de la forma antigua: publicando avisos pagados en la prensa extranjera. La tinta sobre el papel no sirve de nada cuando en todo el mundo hay activistas armados con cámaras y celulares dispuestos a todo (no se pueden perder el video en You Tube del allanamiento del 'bloguer' "Peruanista" al embajador Luis Valdivieso en Washington).Claro, quizás la penetración de Internet sea mínima en Bagua, pero toda la información que circuló en la red -especialmente escabrosas fotografías que circularon poco en los medios peruanos- finalmente consiguió llamar la atención internacional. Los activistas lograron algo concreto: a pesar de que el gobierno insiste en una cifra oficial de víctimas, el relator especial de la ONU para pueblos indígenas, James Anaya, ha anunciado que pedirá la formación de una comisión investigadora, con participación internacional, sobre el 5 de junio.
Y es que, por suerte para nosotros, el Gobierno Peruano no tiene -ni se le ha ocurrido tener- a un Jared Cohen en sus filas. Pero nos estamos adelantando. Pasemos a Teherán.La semana pasada, el amigo de Chávez y Evo, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad decidió que íl había ganado las recientes elecciones de su país. Por supuesto, los resultados de la votación no concordaban con sus deseos pero, como todos sabemos, eso es lo de menos. Con el fin de evitar que el pueblo iraní se ponga quisquilloso con cosas como la democracia y la libertad, el rígimen de Ahmadinejad no titubeó mientras cerraba canales y radios y hasta dedicaba sus esfuerzos a evitar que salgan o entren imágenes vía satílite desde y hacia Irán, anulando por momentos a los corresponsales extranjeros en la zona. Aunque las protestas asolaban Teherán, era muy difícil saber exactamente quí estaba ocurriendo a travís de los medios tradicionales.Pero Internet fue diseñada sobre la base de lo que Manuel Castells llamó una "arquitectura de la libertad". Es realmente difícil controlarla, canalizarla, ni se diga censurarla. El Gobierno Iraní, por supuesto, lo intentó, pero fue resistido más que exitosamente. El 'bloguero' Eliax describe la situación: "En estos momentos Irán se ha convertido en un verdadero campo de batalla digital, en donde las protestas no solo han salido a las calles de la capital Teherán, sino que, por sobre todas las cosas, a Internet, a una escala jamás antes vista en ninguna otra nación hasta ahora. Hablamos de una constante batalla entre los administradores de sistemas y hackers del Gobierno, contra toda una comunidad que ha abordado la web con millones de comentarios en blog, foros de discusiones, entradas en Twitter, servicios como FriendFeed (en donde asombrosamente Irán se ha convertido en el área de mas actividad de todo el mundo en esa red global de contactos), MySpace, Facebook y decenas de miles de páginas web."Y aquí es donde entra Jared Cohen, un chico de 27 años cuyo trabajo consiste en asesorar al Departamento de Estado norteamericano en cómo usar los nuevos medios sociales para promover los intereses de EE.UU. en el Medio Oriente. Sí, existe esa chamba.El lunes Cohen realizó una llamada que algunos llaman histórica. Cogió el telífono, se comunicó con Twitter y le pidió que retrase la realización de un servicio de mantenimiento programado para lo que sería pleno día iraní. La empresa accedió y llevó a cabo su mantenimiento -que implica una caída del sistema- en la madrugada iraní (las horas punta de nuestro lado del mundo) para no interrumpir el flujo de libre información (Twitter resultó especialmente importante debido a que engancha tambiín con las redes de mensajes de texto de los celulares).Uno debería querer que el Gobierno Peruano tuviera funcionarios como Jared Cohen en sus filas, que entiendan y aprecien la red como una herramienta de libertad, democracia y resistencia al orden establecido. Pero, claro, en el Perú no podría existir un Cohen porque, precisamente, todos estos conceptos son los que nuestros políticos desprecian.
Fuente: Peru21.com