
Las personas con muchas limitaciones necesitan de las apariencias para poder destacar. Cualquier asomo de crítica es peligrosa pues destruye la falsa imagen que se empeńan en promover. Saben que el razonamiento incómodo o la voz discrepante pueden desnudar su incapacidad o demostrar que viven en el mundo de la generalidad.
Es el caso del doctor Alan García. Su visión del mundo expresada en las columnas olvidables del "perro del hortelano" pertenece a la sociedad premoderna, industrial. Sin embargo sus amigos las aplauden, no por coincidencia sino por conveniencia, ya que les permite hacer generosos negocios. En ese contexto, cuando surge la protesta, o la crítica mediática consistente, el individuo con limitaciones teme ser desnudado ante el público engañado, entonces no le queda otra opción que silenciar.
Es lo que viene haciendo este gobierno con la prensa opositora. Con la complicidad de medios de comunicación, empresarios de mentalidad medieval y cierto sector de la población, se viene exigiendo el despido de periodistas, el cierre de medios de comunicación, todo en aras de la gobernabilidad.
Como bien dice el reconocido periodista peruano Augusto Alvarez Rodrich en su columna de hoy, el gobierno cierra medios que atizan la violencia, pero no hace nada cuando sus medios de comunicación "amigos" exigen el uso de napalm por partida doble contra la población de las comunidades amazónicas. ¿Hace algo el gobierno contra los insultantes comentarios de Aldo Mariátegui o Andrés Bedoya Ugarteche usuales aduladores del gobierno? Pues nada, allá el premier Yehude Simon, cómplice de todos estos atropellos, no dice nada.
Lo real y concreto es que el gobierno de Alan García sigue avanzando en su lógica de cerrar medios de comunicación o presionar a sus pobres y temerosos directores que no entienden lo que debe ser el periodismo. En ese sentido se asemeja en mucho a la dictadura de Hugo Chávez, pues bajo la sombrilla de la democracia de urnas, se cometen una serie de atropellos en contra de los derechos fundamentales de los ciudadanos, uno de ellos el de la libertad de expresión. Cancelar la licencia de la radio La Voz de Bagua Grande se inscribe en la senda de los atentados contra la libertad de prensa y expresión.
Como no tenemos, en la práctica, un Congreso de polendas, el señor García seguirá y seguirá avanzando. Temores tiene, y muchos, en el horizonte. La masacre de Bagua se parece a la pesadilla del Frontón. Y ahora el delito de limitar la libertad de expresión.
Fuente: Mate Pastor