
El gabinete de ministros de Israel rechazó el 31 de mayo la propuesta del partido de extrema derecha Yisrael Beitenu, que integra el gobierno de coalición del actual gobierno, de exigir un juramento de lealtad al Estado judío a todos los israelíes, sin importar grupo étnico o religión. Incluso, sería un requisito para acceder a la nacionalidad israelí.
Esta iniciativa es una de las tantas planteadas por la mencionada agrupación respecto a la población árabe en Israel, y que ha recibido la crítica de este grupo social. Antes que en octubre del 2006, Yisrael Beitenu fuera invitada por el gobierno de Ehud Olmert a integrar el gobierno de coalición, la población judía israelí tachó de deslealtad el apoyo que muchos árabes israelíes daban al Líbano durante el conflicto con ese país ese año. Esta situación llevó al partido a proponer medidas respecto a los árabes que incrementaron el descontento de esta población hacia el país que los alberga.
¿Quiénes son?
Los árabes de Israel, en su mayoría descendientes de los palestinos que quedaron en el país luego de la expulsión de 1948, comprenden el 20% de la población, de los cuales, los que profesan el Islam son la mayoría, seguidos por cristianos-palestinos y drusos, según datos de la Oficina Central de Estadística de Israel. Los árabes viven mayoritariamente en el norte del país, en el área de Galilea, especialmente en la ciudad de Nazareth. En tanto, la ciudad de Umm al Fahm, cercana a Haifa, alberga a la mayoría de musulmanes.
Dentro de la población de creencia islámica están los beduinos, quienes en su mayoría viven en el noreste del desierto de Negev, en viviendas construidas por el gobierno israelí para instarlos a que dejen su vida errante. Entre los árabes de Israel, los beduinos son los que tienen el mayor número de miembros en el Ejército, y son destacados a patrullar el Negev. El servicio militar es voluntario para los árabes, a diferencia de los judíos israelíes.
Pese a sus tensiones con el Estado de Israel, la mayoría de los árabes del país prefieren mantener la ciudadanía israelí, sin dejar de identificarse con Palestina. Según una encuesta del 2008, realizada por la Universidad de Tel Aviv, el 43% de los musulmanes de Israel se consideran palestinos, en tanto que el 15% se define como árabes-israelíes. Incluso, los cristianos-palestinos se sienten más árabes que israelíes. Esta situación ha llevado a que algunos políticos árabes propongan eliminar la Estrella de David de la bandera, arguyendo que se trata de un símbolo exclusivamente judío, con la finalidad de resaltar el carácter laico del país.
Bomba demográfica
Mientras que el dato del 20% de árabes parecería aumentar debido a la alta tasa de natalidad, el porcentaje de judíos disminuye en el área de Galilea. De acuerdo a proyecciones del semanario egipcio Al Ahram, difundidos en diciembre del 2008, para el 2035 los árabes podrían convertirse en el sector mayoritario dentro de la población israelí, sobre todo entre los musulmanes, seguidos por los druzos y los cristianos. Este incremento fue calificado por el actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, como una "bomba demográfica" que amenaza contra la seguridad de Israel. Pese a que estas expresiones fueron tildadas como racistas por parlamentarios árabes del Knesset y activistas de derechos humanos, la frase es usada frecuentemente dentro de los círculos políticos judíos.
Ante esta situación, la Administración de Población, una entidad dependiente al Ministerio del Interior, busca incrementar la tasa de natalidad entre los judíos, alentando a las mujeres a tener más hijos con incentivos económicos y facilidades hipotecarias. En el 2008, se nombró a Yaakov Ganot como nuevo jefe del mencionado órgano, un cargo que de acuerdo al diario Haaretz, es el más importante dentro de la cartera del sector Interior.
Sin embargo, una solución más radical quedó pendiente en el 2006, y que vino del fundador de Yisrael Beiteinu. Desde su cargo como ministro de Asuntos Estratégicos en el gobierno de Olmert, Avigdor Lieberman propuso transferir grandes poblaciones árabes de Israel hacia Cisjordania, y ponerlos bajo la jurisdicción de la Autoridad Nacional Palestina, a cambio del retiro de los asentamientos judíos. Esta iniciativa fue rechazada por los árabes, quienes afirmaron que no abandonarían Israel para mudarse a Cisjordania o a Gaza, incluso si se creaba un Estado palestino.
Este tipo de posturas extremistas por parte de Yisrael Beitenu, sólo acrecientan el odio y el resentimiento de la población árabe hacia Israel. Al parecer es el dato demográfico el que no se toma en cuenta al momento de plantear dichas iniciativas. Una población árabe descontenta en Israel, y con un incremento acelerado, podría tornarse hostil hacia el país que los acoge. Sin embargo, sería muy difícil que desconozcan la existencia del Estado de Israel. Pese a todo, este país ha brindado a muchos árabes la posibilidad de desarrollarse comercial, cultural y políticamente. Impulsar políticas de inclusión social de los árabes, en lugar de plantear medidas exclusivas ayudarían a fortalecer la seguridad interna de Israel.