
Su nombre pudo ser sinónimo de noche criolla, o interminables bohemias de bardos que respiran canciones y beben poemas arrancados de algún amanecer. Pero Manuel Pesantes Pimentel era mucho más que todo eso. El autor de “Lima de Morado” fue el testigo de una ciudad de antaño que se resistía a morir con su desvencijado cuerpo de balcones y calles de serpentinas y carnaval.... como la vida de nuestro insigne compositor.
Cuando su memoria viajaba por el tiempo, la palabra de Manuel guiaba feliz nuestra incursión a los años maravillosos, con historias de tranvías y trenes, canciones y anécdotas; además de otros sucesos que escribieron las páginas de la historia nacional. Manuel tenía una memoria prodigiosa que lo fotografiaba todo, la muerte de Sánchez Cerro, el fútbol de Garrincha, Lolo Fernández, el mito de Tatan, la sordidez del Huatica…. Fue el único sobreviviente de la inauguración de Radio Nacional el año 1937 y era una delicia oírlo hablar de aquella noche de boato y protocolo. “La guardia personal de presidente se había anticipado a revisar el local de la Radio (Nacional), y yo estaba dentro.... Yo era muchacho pero recuerdo las alfombras rojas con filos dorados, afuera la marcha de banderas que decía que esta viniendo el presidente y todos adentro corriendo de un lado a otro dando órdenes.... se veía linda antes de ser inaugurada. El rostro de Manuelito parecía iluminarse cada vez que nos contaba esta historia, tantas veces repetida, como corregida según el ánimo y la lucidez del octogenario. Jamás pensó que años más tarde, su enrome talento de compositor lo llevarían a integrar el elenco musical de la radio que el mismo vio inaugurar. Entonces Manuel hizo valses y polcas al periodista, al técnico, al personal de mantenimiento – y desde luego- un vals a la radio, el mismo que murió de pena en el desmagnetizador eléctrico. El ocaso de su vida lo sorprendió sin jubilación, ni seguro, ni nada, con la visión borrosa y la garganta empobrecida, pero Manuel tenia unas ganas increíbles de seguir escribiéndole a la vida; era un apóstol de la esperanza, un hombre de fe. Hoy, en el día de la canción criolla, evoco su figura rectora de señor sin tiempo, con su casaca raída, su gorrita de corduroy, su mirada tibia, y aquel “clic afligido” de su viejo bastón que antecedía a su presencia añeja, con ese “buenos días sobrinos” que nos “interrumpía” placidamente. Pronto Manuel perdió la visión por completo, pero continuaba visitando la Radio, vivía a tres cuadras de la estación...una distancia que devoraba diariamente con su cayado de aluminio y su ceño de angustia. Entonces, muy pocos tenían oídos para el ultimo cronista de Lima. Tuvo que accidentarse un día al volver de la radio, para que sus piernas le impidieran cruzar la avenida Arequipa. Ese día don Manuel hizo noticia, pero no hubo aplausos ni sonrisas... solo rezos y abrazos eternos. Un día fui a verlo a casa y me dijeron que no estaba, se había ido a narrar sus historias a la estación del cielo. La juventud es hermosa pero su paso es fugaz, es un tesoro precioso que hay que saberlo guardar. Cuando la piel se esta arrugando y los pies no quieren responder, es prueba que ha llegado sin quererlo la vejez...
Manuel Pesantes Pimentel.
En la foto: dos figuras legendarias de la radio de los ochentas, Consuelito “la sabe lo todo” de Radio Programas del Perú y Manuel Pesantes de Radio Nacional.