Insulza llega hoy a Honduras
Hoy Insulza llega a Honduras, la renovación de su mandato en la OEA está en juego. Debe demostrar que el elefante blanco de su institución tiene una razón de ser y que su gestión resuelve conflictos ya que parece ser que no puede evitarlos.
Según una encuesta de opinión de la firma SID GALLUP, publicada día antes de la salida forzosa del mandatario hondureño, Manuel Zelaya, su popularidad habría pasado de un 45% el año 2007, a un exiguo 7% en el mes de junio de este año. Es decir, habría conocido una baja de 38 puntos. A lo anterior, agreguemos que un 31 % consideró que el gobierno de Zelaya "manejaba mal la economía del país", mientras que tan solo un 12 % señalaba lo contrario.
El tema de fondo que se está dibujando en Honduras es la disputa en torno a la legitimidad, tanto del mandatario expulsado como del nuevo gobierno. Pero incluso más que eso, se trata de la legitimidad misma de todo el sistema político hondureño, e incluso del papel que está desempeñando la OEA con su apurada lógica de ultimátum. Al final del camino, la crisis hondureña deja al desnudo los efectos de los profundos cambios que están afectando al espacio político regional, en específico en torno a la nueva naturaleza de los regímenes democráticos que están surgiendo, la forma de legitimarse.
Una parte de la población hondureña aparece escandalizada frente a lo que se considera una intervención extranjera en los asuntos internos. Para ellos, no estamos en presencia de un Golpe de Estado, sino que de una medida restauradora e incluso de defensa de la democracia. Para otros, la oligarquía intolerante frente a la "traición" de uno de sus miembros, en este caso, el mismísimo mandatario Zelaya, y temerosa de perder sus privilegios originales, utilizó lo que podríamos comenzar a denominar "resquicios democráticos": la mera intención o el hecho de cruzar levemente el umbral de la institucionalidad constitucional da pie al uso de toda la fuerza del derecho y de la fuerza pública, en este caso de la fuerza militar. Para otros, estos "resquicios democráticos", han permitido refundar toda la institucionalidad, generando sobre la base de la ley de la mayoría absoluta, una transformación total de la organización institucional, no obstante que en los hechos, deja al margen a casi el 50% de la población de un país.
Para la OEA, y su Secretario General, la resolución manu militari de la disputa entre los poderes del Estado hondureño es inaceptable. En este punto existe un amplio consenso, incluso de quien escribe este artículo. Es una clara prueba de fuego para el Secretario General de dicha entidad, José Miguel Insulza. No es posible aceptar que, bajo su mandato, aparezcan militares tomando el control físico del Palacio de Gobierno hondureño, poco importa si su morador cometió o no hechos que lo ponían al margen de la legalidad institucional. Una imagen vale mil palabras. No olvidemos, sin embargo, que tal y como Insulza, Zelaya también buscaba la reelección, en el caso del ex mandatario hondureño, modificar la Constitución a fin de perpetuarse en el poder, siguiendo la lógica bolivariana.
La OEA y su actuar ha logrado rendir frutos. Toda la Comunidad Internacional se levantó contra el nuevo gobierno de facto. Pareciera que pocos han analizado la situación en el terreno, su origen y evolución, ni los factores y fenómenos que estimularon y desencadenaron la expulsión de Manuela Zelaya del poder y la toma del mismo por el Congreso hondureño. Se ha dado la lógica del todo o nada: A hechos visualmente prohibitivos, acciones mediáticamente enérgicas, como es el ultimátum de 72 horas emitido por Insulza o la inicial postura intransigente del gobierno de facto hondureño. ¿En que terminará todo? En una negociación reservada entre todas las partes involucradas cuyo objetivo final será, tal vez, la instauración de un gobierno interino de transición hasta la elección general de fin de año.
El problema mayor de la crisis hondureña está dado por la pasividad del conjunto de la población. Esta crisis parece ser más que todo una crisis de la elite política hondureña, que del conjunto de la sociedad de dicho país centroamericano. Peor aún. La crisis institucional hondureña refleja la permeabilidad de las distintas sociedades civiles y políticas latinoamericanas frente a un modelo ideológico que se expande en el espacio regional, como es el chavismo, pero también, frente a la creciente ilegitimidad de los poderes públicos, y el Estado en particular. La nueva naturaleza de la polarización política hemisférica es un hecho que debe ser analizado y encarado académica y políticamente.
La crisis hondureña, deja al desnudo la debilidad de la OEA al no contar con una capacidad real de anticipación de conflictos políticos regionales, revelándose una institución reactiva y en ningún caso preventiva de procesos de desestabilización.
Hoy Insulza llega a Honduras, la renovación de su mandato en la OEA está en juego. Debe demostrar que el elefante blanco de su institución tiene una razón de ser y que su gestión resuelve conflictos ya que parece ser que no puede evitarlos.
Compilado por Eco. Gilberto Ojeda Salazar