
Mirko Lauer
Un año después es evidente que la masacre de Bagua (24 policías, 10 civiles) no incendió la pradera. Pero ha dejado un olor a chamuscado que se resiste a partir. Bagua ha sido el telón de fondo en todas las movilizaciones populares que han venido después. Según el caso, sus dirigentes temen o esperan un remake de Bagua.Para el gobierno el desprestigio subsiste. Primero porque sus explicaciones no han podido contra la máquina de propaganda del movimiento indígena mundial. Segundo porque sus explicaciones no han sido tan buenas para comenzar. Más policías que indígenas asesinados es algo que ayuda a definir la imagen, pero que no cuenta toda la historia.Los propios indígenas de la zona no han quedado muy bien parados. Es cierto que obtuvieron una victoria importante, pero a la vez se han ganado una imagen de enemigos del Estado bajo el que tienen que vivir. En un año se hizo evidente que la guerra del fin del mundo no era su proyecto, y que quienes los presentaron así les hicieron flaco favor.A pesar de que los vaticinios sobre nuevos proyectos en la actividad extractiva siguen al tope, inversionistas y Ejecutivo se han vuelto algo más cautos. Aunque el mecanismo legal aún no está instalado del todo, la consulta con las comunidades implicadas va a empezar a ser tomada más en serio, al menos en la Amazonía.Sin embargo los pueblos amazónicos dan la impresión de carecer de grupos dirigentes para enfrentar la nueva situación. Lo que sí tienen muchos de ellos es un liderazgo y una ideología de rechazo radical a la actividad extractiva y al Estado que la promueve. Más un movimiento ambientalista mundial que los asesora y los ampara.El gobierno fue ágil en cambiar funcionarios, en derogar los decretos que causaron el conflicto en primer lugar, en retirar a Alberto Pizango de la escena, en iniciar una investigación de los hechos y algunos juicios (pasmados). Pero que se sepa no ha querido entrar en terrenos polémicos que pudieran reactivar el avispero.El único que se ha animado es Hernando de Soto, quien desde su ILD ha lanzado una iniciativa de modernización de las comunidades, por la vía de un cambio del régimen de comunidades tuteladas a un régimen de propiedad individual de la tierra. Como era de esperar, ha recibido los ataques de los antropólogos especializados en Amazonía.El regreso de Pizango confirma que el mundo amazónico ha elevado su perfil frente al resto de la nación. Lo que todavía no aparecen son propuestas que no sean simplemente un conservacionismo reactivo. Algo que probablemente no es lo que los amazónicos realmente quieren. Sería ideal que de Bagua surgieran estudios, y un gran debate.Fuente: La República