
Luego de una caótica sesión del Congreso, llega la calma después de la tormenta y, con ella, la claridad. Así que la Comisión de Constitución desempolvará y debatirá las propuestas de reforma constitucional para eliminar la obligatoriedad en el voto e introducir una renovación por mitades en el Parlamento. Es una buena noticia que finalmente le esté haciendo caso a la voluntad de la población, especialmente considerando que la principal debilidad del sistema político peruano es que el ciudadano se siente cada día menos representado. Así tenemos que los políticos seducen al electorado cada cinco años, pero luego de lograr su propósito no les vuelven hacer caso hasta la siguiente elección. Esa lejanía que muchos peruanos sienten del Estado en general, y de la clase política en particular, los lleva a desconfiar de toda institución pública o de la legalidad en general. No está totalmente desvinculada de esta escéptica tendencia del electorado que ya lleva años, el hecho de que el Perú sea el quinto país más informal a nivel mundial. Más aun, este creciente sentido de marginación no está limitado únicamente al ámbito rural o a los segmentos más pobres en nuestra sociedad. Llega a todos los estratos y es en las generaciones jóvenes donde es más pronunciado. Sin duda, lo que se requiere con urgencia es una reforma que acerque la política al electorado. Lo primero que se debe hacer es tratar de lograr un voto más pensado. Aquel que participa únicamente para evitar la multa no va a reflexionar antes de votar. Incluso cuanto más esfuerzo tiene que realizar o mayor distancia que recorrer para votar, más posibilidad de un voto hepático o de rechazo.La eventual introducción del voto voluntario eliminaría una absurda imposición estatal que restringe la libertad del ciudadano. Asimismo, como no hay mejor reflexión que aquella que se efectúa sin presión, el voto facultativo también nos debe llevar a elegir mejores parlamentarios. También mejora significativamente la percepción de la población el que los congresistas no puedan caer en la complacencia de ignorar a sus votantes durante cinco largos años. La renovación por mitades los obliga en todo momento a atender las preocupaciones del electorado.Si bien la mayoría de partidos de oposición ya indicó que, por cálculo electoral, está en contra de ambas propuestas, solo queda esperar que los congresistas –especialmente aquellos que dicen creer en la libertad– voten al menos en esta ocasión de acuerdo con su convicción. Caso contrario, se tendrá que llevar el tema a un referéndum de la población.Cuando esas dos reformas estén implementadas se podrá avanzar en formar, primero, los 120 distritos electorales que obligará a cada congresista a rendirle cuentas a su electorado individual. Solo entonces sería necesaria una segunda y pequeña cámara para integrar una visión de país que tenga no más de 20 o 25 senadores elegidos en un solo distrito electoral a nivel nacional. Es en ese momento que se tendría un sistema político que se acerca al ciudadano y no uno que lo margina como es el actual.En suma, la reforma política que tanto requiere nuestro país se inicia con la libertad y concluye con la bicameralidad. La secuencia no es al revés, como es lo que quisieron aprobar.Fuente: Peru21