
JORGE DEL PRADO, en uno de los escenarios donde evolucionó...
Por Armando Villanueva del Campo
La última vez que vi y conversé con Jorge del Prado fue días antes de su muerte en el Hospital Obrero de Lima. Sesentiséis años antes nos habíamos conocido en la prisión de El Frontón. A su lecho llegué con mi compañero y amigo de don José Barsallo Burga. Conversamos muy cordialmente. Lo encontramos optimista más que por su salud porque pensaba y hablaba sobre el futuro. Creía como yo creo que el socialismo en varias expresiones reaparecería como Lázaro, dejando los sudarios para neoliberalismo, cuya agonía se vislumbra.
No dijo que una preocupación suya era la de activar las organizaciones sindicales y lograr la unidad de las fuerza democráticas y revolucionarias. No temió usar la palabra revolución, viva lección postrera para quienes creen que modernidad es dar un paso atrás o acomodar el lenguaje a circunstancias histórica pasajeras o a la cursi palabrería de quienes venden la riqueza peruana, forjada por nuestras clases productoras cumpliendo órdenes de los comisarios de Fondo Monetarios Internacional.
No pude estar presente en sus funerales, mas se publicaron unas líneas mías de recuerdo. Por aquellos días de su partida evoqué mi primera llegada al Peñón Siniestro. Yo tenía 18 años y Jorge 25, de los cuales ya 10 de ellos los mantenía en la lucha, habiendo sido de los más caros discípulos de José Carlos Mariátegui, a quien acompañó hasta en la hora de su muerte y de de las cuales ha dado testimonio. Cuando lo conocí eran tiempo de la dictadura del general Benavides. Hubo novela en la que lo llamaban Bebevidas y Jorge hacía rato que con un puñado de camaradas estaban de residente en la isla. Yo había llegado con un centenar de jóvenes tras frustrada aventura al intentar dominar un cuartel militar en noviembre de 1934.
Jorge era ya un líder, un austero caballero marxista leninista. Y yo, como aprista era un reformista hayista. Al principio, mi grupo anticomunista no miraba muy bien a los camaradas. Mas el joven Del Prado yo diría que con esa cierta dulzura, bondad, que lo caracterizó, conquistó nuestras conversaciones. Entonces, y hasta lustros posteriores, los derechos humanos no contaban con instituciones nacionales o internacionales admitidas en el Perú, como la que hoy velan por que se respeten tales derechos.
Vivíamos en barbarie, la imposición brutal de las tiranías no tenía contención. Quizás con ironía antológica podríamos decir que lo único transparente era el ser de la barbarie. Hoy lamentablemente ésta sigue imperado en ciertas formas disimulada con mascaras democráticas, pero que no pueden ocultar la sangre de los Barrios Altos o de la Cantuta ni los incendios neronianos ni la mentirocracia en acción. Pues bien, desde aquél tiempo frontoniano de los 30 hasta su muerte, Jorge del Prado jamás bajo sus armas de combate contra las dictaduras ni cedió en su amor a la justicia.
Pasaron muchos años hasta que nos volvimos a ver en una reunión en Arequipa en casa de doctor Humberto Núñez Borja. Comenzaban en eso días las vacaciones democráticas 1945 a 1948, luego, "retornó la normalidad" del país, como dijo Martin Adán, porque regreso la dictadura, esta vez con Odría. Seguimos en la lucha de la resistencia: clandestinidad, prisiones, exilios, coincidiendo en la pugna por la libertad aún cuando por distintos senderos y, a veces, con agudas discrepancias.
Más tarde, durante los años del gobierno militar institucional, tuve algunas ocasiones de volver a conversar con don Jorge; comenzamos a visitarnos. Guardamos en mi hogar fraternas fotografía y, he mencionado mi hogar porque mi esposa, que no está acá por salud, nunca olvida a don Jorge, pues al terminar sus estudios en el Colegio Nacional de Mujeres el primer trabajo que tuve fue en una imprenta del Partido Comunista Peruana a cargo de Jorge del Prado.
Lucy me decía y me dice: "Don Jorge era muy bueno, no se molestaba por mis errores, sabia enseñar". Él era un comunista leal, constante y siempre digno, ejemplarmente digno, sobre todo: nunca olvido la letra de la lengua y vigente canción: "levántate pueblo leal al grito de revolución social".
Jorge fue elegido constituyente, como aquí se ha dicho, en 1978. Correspondió a Haya de la Torre, por ser primera mayoría, instalar la Asamblea de la que fuera Presidente después, y al concluir la ceremonia inicial me pidió Víctor Raúl que hiciera pasar a la presidencia a todos los representantes.
Yo era Secretario General del Partido Aprista y ayudé en estos primeros días a mi jefe en la instalación en el Congreso: pero como Secretario General del Partido, no podía ser secretario de un presidente de poder público. Tampoco fui constituyente porque mi puesto estuvo en el Partido en esos tiempos.
De pie, Haya de la Torre, muy afectado ya por la enfermedad que lo aquejaba, conversó amistosamente con los parlamentarios, y tuvo un largo espacio con don Jorge. Está muy presente en mi ese dialogo en el que, entre otros asuntos, recordaron que en vísperas de realizase el Congreso Nacional de Estudiantes de 1920 en el Cuzco, Haya, a su paso por Arequipa, fue huésped creo que con don Raúl Porras del hogar de la familia de don Eleodoro del Prado y Bustamante, Prefecto, luego distinguido Senador.
Recordaron de esos breves días que doña Carmen Chávez, la madre, atendió la salud de Víctor Raúl, algo resquebrajada por una bronquitis: le preparo una caspiroletas curándolo con milagros arequipeños.
Es curiosa la historia de quienes transcurrimos en la mayor parte del pasado siglo, luchando por ideales comunes, pero enfrentándonos. Hoy vemos que fue un error, creo, no se si me equivoque, que lo contingente se sobrepuso a lo trascedente. Los izquierdista germinamos del tronco marxista y boliviano también, chocamos y en algunos niveles hubo atomizaciones e incomprensiones.
Se discutía si la tesis hayista del espacio tiempo histórico era o no idealista, olvidando quizás que desarrollaba la esencia de la sentencia de Engels, en el Anti Dühring cuando dice: "quienes quisieran subordinar a las misma leyes la economía política de Tierra de Fuego y la de Inglaterra actual, evidentemente, no producirían, sino lugares comunes de la mayor vulgaridad".
A nuestra vez, no comprendimos quizás que nuestro anticomunismo, justificado en mi concepto ante el rigor estalinista pudo hacer el fuego salvaje; iba a polarizar en el mundo el poder hegemónico de las nuevas expresiones del imperialismo.
Esta es una lección que no debemos olvidar, especialmente la gente joven, que ha de unirse democráticamente, pero para luchar por la justicia social, por el pan con libertad y con unidad y unidad por la que tanto lucho Jorge del Prado y cuyo ejemplo también en ese orden, hoy más que nunca debemos seguir.
Mas este al que rendimos homenaje en el primer aniversario de su muerte, entre otras de sus virtudes, tuvo la de ser valiente, como lo hemos visto hace poco momentos, en versión cinematográfica valor sin alardes el suyo, sobre todo en tiempo en que no teníamos mas testigos que la muerte que acosaba, tiempos que no fueron fotografiados nunca en las persecuciones, en las prisiones, en la soledad del exilio, valor sin ecos. Ese fue y debe seguir siendo el valor de quienes queremos transformar al mundo y que protagonizo hasta sus últimos tiempos Jorge del Prado. Valor distinto al supuesto de payasos y oportunistas, de los que Miguel Hernández decía. " en el corazón son liebre, gallinas en las entraña, galgos de rápido vientre que en época de paz ladran y en época de cañones desaparecen del mapa".
Perdonen mi exceso, pero es que la personalidad de Jorge del Prado es tan compleja que para estudiarla con él y con su tiempo histórico.
Deseo señalar dos aspectos más de la vida de Jorge del Prado. Fue hombre de ideología y con ideología. No cedió paso a quienes con Revel y otros neoliberales pregonaron la muerte de las ideologías. Por algo las ideologías son ideas en acción y la idea deriva del conocimiento que es ver y que es vida y que es raíz, que es fruto.
Las ideologías son el existir en los seres superiores y negar esto es como gritar con mil ganas de los fascista "viva la muerte". Jorge del Prado con Unamuno y con Haya de la Torre y los demócratas levantando las banderas ideológicas nos lego el grito: ¡Viva la Vida!
Jorge fue humanista porque proclamo la libertad de ser humano y por la fue artista, muy buen pintor. Como el autor de los Viajes Italianos al que inspiro el Vesubio y los valles napolitanos y sus abruptas cuestas, Arequipa y el Misti y la luz de su cielo alimentaron las inquietudes intelectuales de nuestro homenajeado.
Además le venía por sangre, como se ha dicho hace algunos momentos, pues su abuelo fue poeta y dramaturgo, así como el padre escritor y maestro y su hermana Blanca poetisa. En fin, hogar y paisaje construyeron su expectación de artista.
Hay una anécdota que no podemos omitir. Acostumbrado y habituado a las persecuciones tenía preparado un maletín y una bolsa para las eventualidades aquellas. Pues bien, en la bolsa llevaba siempre unos discos correspondientes a las sinfonías de Beethoven y sus asilos fueron mejores por ellos, allí donde había un fonógrafo.
Y ahora si mi saludos muy especiales a Etna Velarde, que está entre las primeras figuras del arte pictórico nacional, a los hijos de Jorge y a mi recuerdo llega un hermano suyo fallecido hace años, Paco, que fue mi compañero en la Primaria del Colegio de la Recoleta.
Fuente: Una figura de leyenda, Homenaje del Congreso de la República a Jorge del Prado