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Martes 07 de julio 2009

HOMENAJE: TRUJILLLO 1932, 77 AÑOS DESPUES

Gloria a los mártires del aprismo hoy, mañana y siempre, por la recuperación del verdadero aprismo de izquierda, construyamos un APRA más democrático, más fraterno un APRA a más allá del tiempo...
Martes 07 de julio 2009

TRUJILLO 1932: 77 AÑOS DESPUÉS

Luis Alberto Salgado

¿Qué piensa un aprista cuando evoca la revolución, el levantamiento popular, la insurrección de Trujillo en julio de 1932?; ¿cuáles experiencias encontradas confluyen a través de la mente, los sentimientos y las emociones?; ¿qué nos suscita el ir conociendo con algún detalle, no sólo los aciagos días trujillanos sobre todo desde el 6 de julio en la noche hasta el 11 ó el 12 de julio sino conocer también la sucesión de hechos - fraude electoral perpetrado por el gobierno sanchezcerrista, ataque cobarde y aleve contra militantes apristas que celebraban la navidad de 1931 - , que fueron determinando el inevitable hecho social del levantamiento trujillano?; ¿por qué tanta, descontrolada  ferocidad y brutalidad  del mando gubernamental desde Lima que había ordenado el fusilamiento inmediato de quienes habían participado en la insurrección popular?;¿quién decidiría quién era quién?; ¿alguien desde el Poder Ejecutivo limeño pensaba en lo mejor para el Perú en esos momentos?

¿El presidente dictador de entonces, tenía el suficiente nivel de estadista para comprender lo que estaba ocurriendo en el norte del país y, más importante aún, para saber lo que tenía que hacer?; ¿puede, finalmente la inteligencia humana, en este punto específico de nuestra historia nacional, procesar, comprender, evaluar y proyectar hacia el futuro todo lo que encerraron esos días y los meses subsiguientes?

¿Y qué pensaban y sentían nuestros compañeros y compañeras liberteños, y nuestros compañeros en toda la república mientras se iban enterando de lo sucedido 550 kilómetros al norte de Lima?

Muchas preguntas y pocas respuestas satisfactorias, compañeros. Pero preguntas necesarias pues cierto número de apristas comenzamos a sentir en este siglo XXI que una especie de indescriptible injusticia histórica con respecto a nuestros compañeros que forjaron nuestro aprismo en esos años aurorales comienza a instalarse y a formar parte de un capítulo de nuestra historia general  que los verdaderos apristas quisiéramos que fuera rectificado antes de culminar sus páginas.

De manera que, en primer lugar, en esta fecha epónima, sensiblemente conmemorativa, nuestro homenaje, reverencial, íntimo y compartido con cientos de miles de apristas en todo el Perú, pero profundamente auténtico, a nuestros hermanos mayores quienes elevándose en sus conciencias lo entregaron todo, y dieron muestras inconmensurables de dignidad humana, de no rendirse ni bajar la cabeza frente a la amenaza y la prepotencia de quienes en su arrogancia y soberbia se sentían mucho más poderosos, nuestro homenaje enternecido por la conciencia de nuestra propia fraternidad con ellos a quienes en el momento culminante de sus vidas se mantuvieron dignos?.dignos, compañeros. 

Así, ellos, con su sacrificio, sentaron las bases sólidas para que el aprismo y el APRA de Haya de la Torre se constituyeran en las décadas siguientes en la gran esperanza de los pueblos del Perú. Por esa razón, un cúmulo de conciencias en todos los rincones de la república, en la costa, en la sierra y en la selva, con distinto grado e intensidad, pero con el mismo signo de esperanza inteligente  fueron intuyendo y comprendiendo con más claridad, por qué, en su humildad y en su drama, los primeros apristas dejaron una huella indeleble y nos marcaron un camino que ni la concupiscencia, ni la ambición, ni la corrupción podrán desviar.

Pero también, nuestros compañeros caídos, en su grandeza y nobleza, quizás nos hubieran transmitido la necesidad de ser grandes y nobles con los peruanos de uniforme que cumpliendo órdenes también cayeron, en lo que consideraron el cumplimiento inevitable de su deber. Esa es la naturaleza que un drama como el de Trujillo involucra, envolviéndonos a todos.

Pues Haya de la Torre y los apristas de los años 30 habían planteado cambios sustantivos, trascendentales y estructurales en la conducción del Estado y en las relaciones de ese Estado con las distintas expresiones de la sociedad peruana, multiétnica y multicultural, y el advenimiento y conformación de una organización política como el APRA, de cobertura y amplitud nacional constituía una emplazamiento serio a la capacidad y a la eficacia del orden imperante de entonces?emplazamiento que ese orden oligárquico imperante no supo responder con las armas de la inteligencia y la democracia sino con las de la fuerza bruta que origina el miedo de descubrir su propia incapacidad e ineptitud. Y por eso cometieron el fraude electoral contra el APRA en las elecciones de 1931.

Por ello, aún con los errores cometidos en una gesta cuyas variantes fueron imposibles de controlar, aún con la frustración y el enorme dolor que ocasionó en esas familias la barbarie de una represión ciega y brutal, Trujillo 1932, debe significar una razón poderosa de reflexión y aprendizaje que nos legaron quienes nos antecedieron.

Pero junto con ello, Trujillo 1932, debe constituir el llamado permanente a una conciencia aprista inteligente con su entorno, generosa con los débiles y con quienes no comprenden, y digna frente a quienes, dentro o fuera del Partido, aún no comprendieron el mensaje trascendental de limpieza en la conducta y de fortaleza ética que con su inmolación nos dejaron nuestros compañeros revolucionarios. La gran transformación que propone el APRA de Haya de la Torre, puede empezar a ser entendida así, como mensaje de redención nacional, entendida esa redención como la concreción de un sistema de libertades y derechos humanos garantizados con justicia social, con la conciencia hoy, en el siglo XXI que, de nuestra parte, como el Partido decano de la historia contemporánea del Perú, la violencia sólo trae más violencia, y que la sangre trae más sangre, y que, por ello, precisamente por el hecho que la soberbia y la arrogancia traen consigo inflexibilidad y obnubilación, y cómo no, corrupción,  para comprender situaciones, como le ocurrió al gobierno dictatorial de Sánchez Cerro y a la oligarquía explotadora y racista en ese gobierno representada.

Creo que esa es la enorme, magnánima y casi sagrada lección que podemos extraer los apristas de Trujillo 1932. La gran enseñanza que los y las apristas en este año de 2009 que, sin caer en orgullo malsano y estéril, nos sentimos, como he dicho en el "Manifiesto a los apristas" (enero 2009) parte de una experiencia colectiva que debemos poner al servicio de nuestra nación, de nuestros compatriotas que sin ser apristas, ni militar en ningún partido político, e inclusive, siendo quizás antiapristas, nos siguen observando.

Por todo lo anterior, mi homenaje, nuestro homenaje, conmovido y sensible, y nuestro respeto y amor fraternal a todos quienes con sus actos heroicos en Trujillo, Huaraz, Cajamarca y otros lugares del Perú en ese año de 1932 dieron un poderoso y vital mensaje de por qué el APRA y el aprismo, en el siglo XXI, tienen aún una gran, enorme tarea constructiva para el Perú y ello habrá de significar, también, el reencuentro del Partido de Haya de la Torre con esos pueblos y conglomerados humanos que buscan y esperan, igual que nosotros, la instalación duradera y sólida de la democracia social de pan con libertad.

 

Lima, 7 de julio 2009

Atentamente:

ERNESTO VENTOCILLA RIVERA

 

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