
Más de una veintena de mujeres residentes en este poblado barrio de chabolas del centro de la capital argentina participan estos días en el programa "Actuando juntas", una pionera iniciativa del proyecto Latina Urbana que financia la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) con el objetivo de vincular las artes escénicas con la equidad de género.
Un taller de teatro que incentiva los ejercicios de improvisación es el eje principal de esta propuesta que se completa con un curso de maquillaje, la intervención de un mural, una salida al teatro, debates con actores y contactos con profesionales especialistas en violencia machista.
La coordinadora del proyecto, Ariela Mancke, insiste en que el programa no busca "decir a las mujeres qué deben hacer, sino empoderarlas, darles herramientas para que ellas puedan hacerlo".
"Lo que intentamos es que esto sea un empujón para que estas mujeres descubran, por la herramienta de la actuación, que existe otra vida posible, y que puedan entre ellas generar una red de ayuda dentro del territorio, para que aprendan cómo articularse para un futuro si necesitan pedir ayuda", explica en entrevista con Efe.
En el primer contacto con las participantes, que incluye desde adolescentes a mujeres de edad avanzada, Mancke y su equipo constataron que las víctimas reconocían la violencia en el golpe y el maltrato físico, pero no en el daño psicológico, que en muchos casos tienen naturalizado.
El punto de inflexión para cambiar esta concepción es una salida al teatro para ver la obra "Rosas rojas", de la compañía española La Papa, que representa en escena el caso de una mujer maltratada, tanto física como psicológicamente.
El debate posterior que comparten las asistentes con el director y una de las protagonistas de la obra se convierte en una suerte de catarsis para sacar a relucir los procesos violentos que sufren muchas de estas mujeres.
En presencia de sus hijas adolescentes, que apenas pueden contener el llanto, Jennifer reconoce que "Rosas rojas" la ha hecho retroceder varios años, a la época en la que su marido, que le maltrataba, puso a sus niñas en su contra y la echó de casa.
Después de vencer al cáncer, tiene claro que no va a volver a permitirlo, y para que tampoco lo hagan sus dos hijas las ha convencido para que participen con ella en el taller.
A su lado, Mónica relata entre sollozos que acababa de denunciar a su esposo después de haber "explotado" este fin de semana tras un episodio violento que presenció su hija.
"Al principio no me golpeaba, pero sí me decía cosas que duelen. Me humillaba. Por los chicos toleramos, nos callamos muchas cosas", admite.
Sin embargo, unos minutos después, las sonrisas reemplazan a las lágrimas de la mano de las especialistas y de una de las protagonistas de la obra, que desafían a las mujeres con juegos y ejercicios lúdicos.
Desde un segundo plano, Mancke explica que este programa, que se desarrollando de forma paralela en una zona rural de la provincia de Córdoba (centro del país), está pensado como un proyecto "corto e intenso" para poder replicarlo en distintas áreas de Latinoamérica.
Latina Urbana nació a fines de 2008 con festivales de música en Chile, Perú y Argentina de la mano de la empresa española Evolución Diurna, con financiación de la AECID y la colaboración de los centros culturales de España que funcionan en las principales ciudades latinoamericanas.
En una segunda fase, el proyecto se desarrolló en Estados Unidos, México, Guatemala y El Salvador.
Amnistía Internacional denunció en mayo que la violencia de género en Argentina es un "motivo de honda preocupación".
Cada tres días una mujer es asesinada en el país por violencia machista, según un informe publicado a fines de 2009 por el Instituto de Estudios Jurídicos Sociales de la Mujer y, diariamente, más de 150 denuncias por malos tratos son atendidas en las comisarías de la Mujer y la Familia de la provincia de Buenos Aires.
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