
Hoy, 13 de junio, día de la celebración de SAN ANTONIO DE PADUA, guarda recuerdos muy importantes e imagino será el caso de muchas personas. Mi amigo Juan Carlos, hace poco me comentaba que en la mayoría de nosotros, los peruanos, hay recuerdos positivos de las celebraciones del santoral, debido a que nuestros padres siempre nos inculcaron un buen comportamiento ante la religión.
Con San Antonio, se da una mezcla especial de Cristianismo e “idolatría”. Para muchos en un santo que amerita una gran devoción y fe y en otros casos, como se narra en una novela costumbrista, se le ata y castiga para facilitar se encuentre algo que se ha perdido; en otros casos, como dice una canción muy popular “tengo San Antonio puesto de cabeza, yo no tengo novio, pero me interesa” es decir es un santo casamentero. Este mismo espíritu casamentero se le da en Madrid, que el día de hoy las jóvenes solteras irán a la iglesia del Santo en el Paseo de la Florida, donde está su iglesia muy famosa por haber sido decorada por Francisco de Goya, y allí pondrán su mano sobre un plato lleno de alfileres y según los que se les queden, será “el número de novios o pretendientes que tendrán”. En el lenguaje popular, recuerdo que se decía de “San Antonio Bendito, el que nunca come, pero siempre está gordito”
En mi familia había una devoción especial por San Antonio, por ejemplo mi tía tenía como promesa ser, a su costa, la proveedora del pan que en la fecha se regala a quienes acuden al templo. Durante muchos años mi abuela materna, cuando ya me toco emigrar a la capital a cursar mis estudios universitarios, me guardaba los panecillos los que me los daba al regresar a casa en vacaciones, que no siempre eran cada año, pero allí estaban los panecillos secos, con el sabor secreto. Ahora en esta lejanía extraño ese rito y esa ternura que nos hacía “mas fuertes” sin importar el tiempo, porque eso es la nostalgia de la vivencias y el afecto imperecedero.
La devoción de mi madre por San Antonio, tuvo- en cierta forma – una recompensa muy significativa. Estuve de viaje en Italia y cuando visité Padua, como es lógico fui a la iglesia de San Antonio y allí la gente llevaba miles de velas y las dejaba en un depósito. En mi caso, le explique al Sacerdote encargado de su custodia la gran devoción de mi madre y si en su caso él me podría regalar 2 velitas para ella: Hizo una excepción y me las regaló y además me dio el programa anual de misas así como cánticos, cosas que a mi retorno a Perú se les entregue, lo que –como podrán imaginar, fue motivo de una gran emoción. Mi madre solo encendía las velitas cuando le hacía un gran pedido al santo que, honestamente creo que la atendió con creces en muchos de ellos. Eso es la Fe.
Hoy, en memoria de mi madre y otros familiares y por mi mismo, estaré en la misa que se estila hacer en la fecha y tendré presente todos esos recuerdos, que aunque parezca una cursilería, los comparto con ustedes y espero que también ustedes puedan disfrutar de algún recuerdo agradable, aunque también hay de los otros, como el de aquél que no quiso llevar a la abuela a la misa por quedarse a jugar al fútbol, pero con tan “mala pata” que justo al evitar el gol, le fracturaron la pierna y siempre se acuerda “del castigo” de San Antonio.
Entre los niños, tambien se difunde esta devoción pero de manera distinta, con la famosa conción de las "Avecillas de San Antonio" se les inculca el poder del milagro y la fe.
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