
Unos 7,7 millones de electores belgas votan este domingo en elecciones legislativas en un contexto de grave crisis institucional y económica. La primera incógnita de estos comicios no es quién ganará, sino por qué margen se impondrá la Nueva Alianza Flamenca de Bart de Wever que, con el 26% de las intenciones de voto, aboga por disolver el país. Las crecientes tensiones entre los prósperos flamencos de habla neerlandesa del norte y los empobrecidos valones francófonos del sur convierten a este escrutinio en un termómetro sobre la voluntad de seguir viviendo juntos. La tentación del divorcio, cristalizado en el rompecabezas del distrito capitalino y su periferia Bruselas-Hal-Vilvorde (BHV) que precipitó la renuncia del primer ministro Yves Leterme, pisa cada vez más fuerte. Se estima que el avance de los radicales flamencos no bastará para provocar este domingo la segregación de Bélgica, pero marcaría claramente que este es el camino a mediano plazo...
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