Tiene esas cosas Italia: la historia lo señala como uno de los más exitosos, sus futbolistas son elegidos como los más guapos y elegantes en cuanta encuesta se haga al respecto, su condición de equipo bravo resulta inequívoca más allá de los nombres; sin embargo, no seduce. No hay devoción por su juego, no genera las adhesiones de Lionel Messi o la devoción de la impronta brasileña; tampoco la pasión de los ingleses.Se corrobora acá: el campeón del mundo se entrena en el estadio Green Point, de Ciudad del Cabo, y no hay tanta prensa como su presencia sugiere. No tiene que ver, de todos modos, con algunos resultados recientes ni con las críticas que el equipo recibe en tiempos cercanos. Tal vez sea ese halo de fútbol despojado de brillos que el calcio -más allá de sus éxitos- se supo ganar. Sucede que Italia se presenta con gusto, casi jactancioso, como la mejor defensa del mundo. Y eso que le sirvió para consagrarse en Alemania 2006 le impide frecuentemente que su seleccionado sea visto con la simpatía que otros gozan.No se los ve preocupados, en cualquier caso. Ahora, en la antesala del debut de hoy frente a Paraguay, los defensores del título parecen sorpresivamente relajados. Como si estuvieran acostumbrados a que esto les sucediera a cada paso. Tal vez tenga que vez con que la squadra azzurra es una de las de mayor promedio de edad de esta Copa del Mundo.Según explicó el técnico Marcelo Lippi, quien tiene pensado incluir un esquema con cuatro defensores, tres mediocampistas y tres delanteros, con dos extremos que acompañarán en el retroceso defensivo: "experiencia significa años, partidos y circunstancias; experiencia no significa desgaste".Del otro lado, estará un Paraguay que, como dijo su entrenador Gerardo Martino, llegó a territorio africano para hacer historia. El equipo del mejor alumno de Marcelo Bielsa quiere ser el primero en meterse en los cuartos de final con la camiseta guaraní. Ya aseguró el Tata -ahora con lentes y con cara seria- que no jugarán con inhibiciones ante Italia: a dividir la posesión y a procurar golpear con frecuencia.Más allá del planteo, hay un rasgo que lo distingue al seleccionado albirrojo: su filiación con Argentina. Tiene un cuerpo técnico nacido y crecido en Rosario; cuenta con otros tres futbolistas nacidos en la misma tierra de Diego Maradona: Jonathan Santana -de Buenos Aires- jugó en San Telmo, Almagro, Nueva Chicago, San Lorenzo y River; Néstor Ortigoza, que pateaba penales por plata en las madrugadas del conurbano, fue clave en el último título de Argentinos Juniors; y Lucas Barrios, quien ahora se destaca en la Bundesliga, conoció los rigores del Ascenso en nuestro país. Todos ellos, por algún familiar directo, le están poniendo su sangre guaraní al plantel de Martino.Pero hay más caras conocidas entre los paraguayos. Dos de los tres arqueros tuvieron su paso: Justo Villar fue ídolo en Newell's; a Aldo Bobadilla prefieren olvidarlo en Boca. Cinco de los siete defensores juegan o jugaron en la Primera de Argentina: Claudio Morel Rodríguez (San Lorenzo y Boca); Denis Caniza y Paulo Da Silva (ambos en Lanús); Julio Cáceres (Boca y River, nada menos) y Aureliano Torres (San Lorenzo). En el mediocampo, además de Ortigoza y de Santana, Carlos Bonet disputó cuatro temporadas para Atlético Rafaela (entre 1998 y 2002). De los de arriba, al margen de Barrios, los hinchas de Newell's aún extrañan a Oscar Tacuara Cardozo.Casi un seleccionado de algún Apertura o Clausura de la AFA. Así, con ellos, Paraguay promete que se le animará al campeón del mundo. La sensación es que puede. Lo que falta es lo más importante: demostrarlo bajo el cielo ahora inestable de Ciudad del Cabo.
Vía: Imass