Julio 13, 2009
Jos Rodrguez Elizondo*
Publicado en la Revista Mensajes, julio 2009.
La entrevista que concediera Evo Morales a Cristin Bofill, director de La Tercera (1), ms que un golpe periodstico fue una seal poltica extraordinaria para Chile y el Per.
Respecto a nuestro pas, presentaba la aspiracin martima boliviana en el marco de una negociacin tranquila, sin periodistas, sin denuncia ante los foros internacionales y sin privilegiar el tema de la soberana. "Lo que yo quiero es resolver juntos el problema y no buscar mediadores, veedores ni garantes". Y qu deca sobre la interferencia de Fidel Castro que torpede la visita a Cuba de Michelle Bachelet?... Pues, que fue un simple saludo o expresin de "un sentimiento internacional", con tcita extensin al intervencionismo del lder venezolano Hugo Chvez. Morales verbalizaba, as, lo que muchos chilenos soaron durante ms de cuatro dcadas y hasta sugera su disponibilidad para iniciar un vuelco histrico en la poltica de alianzas.
En cuanto al Per, la entrevista marcaba el clmax de la psima relacin de Morales con el Presidente Alan Garca. En ese marco, el agravio feroz del peruano, segn el cual Morales dej de ambicionar un mar para Bolivia, fue respondido con una ferocidad equivalente: la de que Garca demand a Chile ante la Corte de la Haya a sabiendas de que perder el pleito, pues su objetivo principal es "perjudicar a Bolivia". Al respecto, Morales agreg (con matiz maldadoso), que l no hablaba desde meras suposiciones, sino con base en informacin interna, procedente de "las mismas estructuras del Estado peruano".
Asesora temeraria
La entrevista suceda a la clara seal del canciller ecuatoriano Fander Falcon, de que su pas comparta el criterio jurdico de Chile sobre la demanda del Per. Importante, pues ambos fenmenos efectivizaron la realidad de los riesgos geopolticos de la estrategia peruana y, en especial, de la demanda judicial como mtodo.
En rigor, era un riesgo compuesto, subestimado con ligereza por los expertos peruanos. Por una parte, consista en que Ecuador hiciera causa comn con Chile, en cuanto tercer suscriptor de los tratados de 1952 y 1954. Por otra, estaba la posibilidad de que Bolivia se diera por lesionada, pues la viabilidad de su aspiracin martima supone un corredor ariqueo y un mar adyacente no sujeto a controversia. De confluir ambas situaciones, se producira lo que se est produciendo: el cuadro de un Per enfrentado a Chile, Bolivia y Ecuador, con Venezuela apoyando decididamente a los dos ltimos. En lista de espera estara Colombia, que tambin participa del sistema limtrofe del Pacfico Sur y donde operan las "chavistas" y muy infiltrables FARC.
Es pertinente anotar que el riesgo boliviano est analizado no slo en mi reciente libro De Charaa a La Haya (2) . Tambin fue contemplado en un artculo que publiqu, en septiembre de 2007, en esta revista (3). All planteaba, como "hiptesis", que la pretensin oficializada en 1986 por el embajador peruano Juan Miguel Bkula, se habra diseado, en parte, "como un franco disuasivo ante Bolivia".
Esto, porque, siendo impensable que el Per accediera a ceder a Bolivia parte de Arica, tampoco quera experimentar la ordala de un nuevo acuerdo chileno-boliviano que hiciera explcita esa disposicin. Desde ese talante, una disputa por la frontera martima cumplira el doble objetivo de reivindicar un segmento de ocano e impedir -con presunta sutileza- un segundo "charaazo". Ante una nueva peticin de vena peruana para un "corredor ariqueo", el gobierno requerido no estara obligado a definirse sobre el fondo. Le bastara indicar que los derechos sobre el mar adyacente ahora estaban en discusin y, claro, no se puede negociar sobre cosa ajena.
Sucede que esa hiptesis fue tajantemente descalificada por el propio embajador Bkula. Le resultaba conspirativo sostener que Bolivia pudiera sentirse afectada por la pretensin que l haba liderado en lo tcnico y representado en lo diplomtico. Tal posibilidad no haba pasado por su mente ni por la de su canciller ni por la de su Presidente. Tan arriesgada posicin (cmo saber lo que realmente piensa otra persona?) fue volcada en trascendidos periodsticos y, en definitiva, se expres en un libro que public el ao siguiente. Ah Bkula transform mi hiptesis en simple "intuicin", la adjetiv como "extraa", sospech que estuviera "teledirigida desde otros miradores" y coligi que mi objetivo era desacreditar su propia gestin (la de Bkula) suponindole "el recndito propsito de reactivar la demanda martima boliviana" (4).
Tan inslita reaccin, que equipara la responsabilidad del agente diplomtico con la del conductor poltico, confunde una disuasin con una reactivacin (de la aspiracin boliviana) y descalifica a un analista por sospechas, era sicolgicamente significativa. Por una parte, pareca revelar el oculto temor a un despertar crtico de los expertos propios. Por otra, evidenciaba que, a falta de argumentos convincentes, haba que recurrir a "tergiversaciones patriticas" y descalificaciones ad hominem. El ancestral reflejo de matar al mensajero.
Pero, a esa altura, la hiptesis ya era tesis verificada. Presidente, canciller, diplomticos y ex cancilleres bolivianos aceptaban, con mayor o menor discrecin, que la anunciada demanda peruana sera un obstculo decisivo para su aspiracin. Luego, cuando Morales quiso dar "orientacin poltica antiimperialista" al pueblo peruano y se burl de la robustez de Garca, la oleada antidemanda que bajaba desde Palacio Quemado era visible desde cualquier atalaya.
Con la demanda ya instalada, la Cancillera peruana y sus asesores pro demanda se encuentran ante un jaque geopoltico autopropinado. De ser cierto que slo la intuicin de un analista privado pudo prever el crtico alejamiento de Bolivia, significa que all se dio un alarmante dficit de anlisis focalizado. Si, por el contrario, hubo previsin certera, significa que esa Cancillera fue sobrepasada por una asesora temeraria, que indujo las dos graves decisiones polticas de Garca: oficializar la pretensin peruana, en 1986 y presentar la demanda en 2008.
Traslado de culpas
Hoy el gobierno de Bolivia aparece impulsando un traslado de culpas que dara un vuelco histrico al subsistema geopoltico pos Guerra del Pacfico. Chile dejara de ser el exclusivo responsable de la mediterraneidad boliviana, pues los obstculos reales los ha colocado ?segn Morales- la "permanente agresin" de Garca. El Per quedara en un aislamiento similar al que suelen percibir los chilenos, de manera recurrente, desde mediados del siglo 19.
Para nuestros cortoplacistas, puede ser una gran oportunidad. Bastara endosar la querella de Morales contra Garca, sin asumir que eso a) equivale a reponer la "poltica boliviana" previa a 1929, que giraba contra la transferencia a Bolivia de Tacna y Arica, b) supone canjear una compleja amistad boliviana por una slida enemistad peruana, c) compromete ?en caso extremo- a producir un "resquicio" para ceder un corredor a Bolivia bajo proteccin chilena y d) consolida el bloqueo de las polticas integracionistas en la sub-regin, con perjuicio para todos. En suma, se prorrogara la vigencia de "el siglo que vivimos en peligro".
Mejor sera sincerarse y reconocer lo que los taimados hechos gritan: la aspiracin martima boliviana fue y sigue siendo una pieza para tres actores. Y, si en aras del dogma bilateralista quisiramos negar el link entre la demanda peruana y la agenda de 13 puntos con Bolivia, significara que algo muy extrao sucede en nuestro sistema perceptor de realidades.
Cabe agregar que en el meollo de la insinceridad est la exclusin de Bolivia consagrada en el Protocolo Complementario (y originalmente secreto) del Tratado de 1929. Tal instrumento fue, en su esencia, una Medida de Fomento de la Confianza (MFC), que permiti al Per sublimar la prdida de Tarapac y Arica con la recuperacin de Tacna y la certeza de que Chile no transferira a Bolivia parte de la otra "provincia cautiva".
El Presidente peruano Augusto Legua sintetiz ese espritu cuando dijo que el nuevo tratado una fraternalmente a chilenos y peruanos "a la sombra de una historia forjada por hroes comunes y sobre un suelo cuya continuidad traz la mano de Dios". Fue un mensaje perfectamente decodificado por el ex Presidente boliviano Daniel Salamanca, con una metfora que hizo fortuna: "Chile puso un candado al mar para Bolivia y entreg la llave al Per".
Trilateralismo diferenciado
Chilenos y peruanos no contaron con que Bolivia, tras denunciar aquella exclusin, luchara para convertirla en procedimiento. Al efecto, sus gobiernos la interpretaron de modo que "el candado" pudiera unirse con "la llave", debilitando el espritu del Protocolo Complementario. El mtodo principal fue inducir conversaciones con Chile, para acceder al mar desde la frontera norte, y luego buscar la venia del Per, a sabiendas de que para este pas sera un tema incordiante.
Dicho procedimiento tuvo un hito decisivo en 1975 con los formales Acuerdos de Charaa, firmados por los generales Augusto Pinochet y Hugo Bnzer. A partir de stos se inici una estrategia peruana que culminara con un antdoto definitivo: la decisin de expandir la frontera martima propia, primero mediante negociaciones y, en definitiva, demandando a Chile ante la Corte Internacional de Justicia.
Por lo sealado, Chile no slo debe tratar de imponer sus mejores argumentos jurdicos ante esa Corte. Visto que el eventual fallo no puede solucionar el conflicto poltico y trilateral de fondo, tambin necesita enfrentar la complejidad de lo real, aceptando, con Goethe, que "las cosas siempre son ms simples de lo que se puede pensar, pero mucho ms intrincadas de lo que se puede comprender".
En ese sentido, lo inteligente sera asumir la iniciativa poltica y estratgica de tender una "cuerda comn" chileno-peruana, que sustente un nuevo espritu respecto a Bolivia. Ambos gobiernos reconoceran, as, el fracaso de la exclusin de 1929 y admitiran la posibilidad de negociar con el tercer pas a tenor de un proyecto integracionista en la triple frontera, sin transferencias de soberana y en el marco de un juego "todos ganan". De paso, reconoceran que el decaimiento de la soberana absoluta, que reconoce la Ciencia Poltica moderna, no significa que d lo mismo transferirla a otro pas. Significa, ms bien, que los Estados pueden delegar partes de su soberana global en una entidad integracionista o supranacional. La modlica Unin Europea se forj sin cambiar el color territorial de los mapas.
Ese trilateralismo diferenciado sera, entonces, una MFC que unira a Chile, Bolivia y Per en una empresa con soporte geopoltico, liquidando la madre de todos los recelos. No ms ambigedad flagrante desde el Per. No ms expectativas imposibles para Bolivia creadas desde Chile. No ms vetos geoeconmicos en los mercados de exportacin e importacin. No ms mercados gasferos interferidos por el "factor patritico". No ms discriminacin a los inversionistas segn sus nacionalidades. No ms resquicios para que emerjan nuevos caudillos militares. No ms facilidades a otros lderes para que interfieran en la relacin entre nuestros tres pases, demandando playas, dando apoyo estratgico a sus seguidores o apadrinando candidatos.
En resumidas cuentas
Con el mrito de lo sealado, parece evidente que Chile debe mantener extrema prudencia ante el nuevo cuadro que configura el conflicto Bolivia-Per. Nadie debe entusiasmarse con las trompadas que se propinan sus presidentes. A la inversa ?y metafricamente hablando- nuestra Presidenta Michelle Bachelet debiera negarse a convertir el penal que le est obsequiando su homlogo boliviano. Para no ser demasiado obvia en el rechazo, bien podra ensayar el trote previo desde los doce pasos y repetir su truco del zapato volador.
NOTAS
(1) La Tercera, 31 de mayo 2009.
(2) Jos Rodrguez Elizondo, De Charaa a La Haya, Ediciones La Tercera del Grupo Planeta, Santiago, 2009.
(3) La extraa invencin del doctor Garca, revista Mensaje, septiembre 2007.
(4) Juan Miguel Bkula, La imaginacin creadora y el nuevo rgimen jurdico del mar, Universidad del Pacfico, Lima, 2008, Pg. 218.
*Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, escritor, periodista y caricaturista. Tambin fue diplomtico. Entre sus libros de anlisis poltico estn Crisis y renovacin de las izquierdas, Chile-Per el siglo que vivimos en peligro y Las crisis vecinales del gobierno de Lagos. Premio Rey de Espaa a la mejor labor informativa en 1984. Distincin como Mejor Docente de Pregrado de su Facultad en 2007.