
El triunfo del pizarrón
Después de los primeros 14 partidos y habiendo debutado todos los equipos, el balance de este mundial es decepcionante.
Se ha visto que los planteamientos tácticos, en busca de resultados antes que nada, han predominado en todos los encuentros. El pizarrón manda, y la búsqueda del producto se convierte en el objetivo del juego. Los entrenadores paran sus equipos para anular al rival a toda costa. La diferencia con otras épocas (como la del antifútbol argentino de hace décadas plagado de patadas, matonerías y amenazas de jugadores y barristas –incluidos botellazos y otros trucos extradeportivos) se ha trocado en un esfuerzo ordenado y ensayado para evitar que el rival gane y confiar en un gol de suerte, un penal, un tiro libre o un error de la defensa contraria. Sin vergüenza ni sonrojarse, los técnicos ponen 5 o 6 jugadores en el medio campo donde casi ninguno es talentoso.
¿Es válido jugar así? Pues sí que lo es, pero ese no es el punto medular. Lo importante es qué se hace frente a un planteamiento de este tipo, amarrador, trabador, destructor. La respuesta la tienen los entrenadores y, especialmente, Messi, Kaká, Iniesta, Ronaldo, y demás jugadores tan promocionados y exageradamente bien pagados que no pueden, como se ha podido comprobar hasta el momento, romper los planteamientos cerrados, ¿o es que son buenos sólo cuando se les da espacio? Así cualquiera. Ya lo demostró la final de la Champions: el “mejor” equipo del mundo, Barcelona, no pudo romper la barricada levantada por el Inter.
Mención aparte merece el equipo alemán. Es cierto que mostró el mejor funcionamiento, pero también es verdad que Australia no entrenó su planteamiento cerrado bien. Hay que esperar a ver si los teutones pueden repetir la demostración de buen juego contra equipos mejor parados. Ojalá que sí.