
Todas las grandes ciudades del mundo están repletas de autos, omnibuses y camiones.
El denso tráfico es una pesadilla democrática. Afecta tanto a los pasajeros de una imponente 4x4 como a los choferes de los humildes ticos.
Los únicos que se benefician con los ruidosos embotellamientos son los establecimientos que ofrecen sus productos por delivery y los vendedores de motocicletas.
El tránsito atascado es un claro ejemplo que cuando todos queremos ejercer nuestros derechos simultáneamente se genera el caos. La ley y las autoridades deben contribuir al orden.
¿Es un hecho que cada dia existen mas vehículos en Lima Metropolitana. La ley debe incentivar o desalentar la compra de vehículos?
Si el Estado aumenta el impuesto a la propiedad vehicular, afectaría a las clases medias que sueñan con el auto propio.
Más lógico es que la legislación ayude a modificar los malos hábitos de los conductores quienes circulan por las mismas vías en las horas punta.
Una norma puede ser prohibir que salgan los autos de los estacionamientos públicos a las horas punta. Asimismo, cambiar la hora de ingreso y salida de los empleados públicos y los escolares.
Una medida novedosa es cobrar un alto impuesto a la congestión vehicular. Es decir, los coches particulares que deseen circular en las horas punta por la av. Javier Prado, la av. Raúl Ferrero o la av. Arequipa deben pagar una tasa de 400 dólares mensuales.
El impuesto sobre el embotellamiento le indica al conductor que al traer su automóvil al centro en hora punta, le impone a los demás un sacrificio por lo tanto es justo que pague una compensación.
Cuando Londres determinó una zona de aplicación del arbitrio sobre la congestión viaria, a principios del 2003 aproximadamente de 9 dólares diarios por conducir en el centro de la ciudad, la gente respondió positivamente.
Después de un año el porcentaje de viajes en coche cayó en un tercio. La circulación de autobuses aumentó en 15 %, la de motocicletas en un 20 % y la de bicicletas en un 30 %.
Los conductores que dejaron de entrar en la zona gravada se resignaron a solo circular por la zona aledaña 25 %, optaron por el transporte público 55 % y un 20 % utilizó como alternativa desplazarse en bicicleta, viajar en coche entre varios o trabajar desde su casa algunos días.
En conclusión, el número de viajes en automóviles descendió, las demoras por obstrucciones de tránsito se redujeron drásticamente. Es decir, la carga fiscal permitió que las calles se utilicen de un modo más eficiente.