
Una vez más un alcalde justifica sus propósitos corruptos con el argumento del "abandono". Lo han hecho todos los alcaldes barranquinos de los últimos 30 años. Antonio Mezarina actúa como sus antecesores Martín del Pomar y Fina Capriatta y, seguramente confiado en que al igual que estos no enfrentará a la justicia, pretende regalar, bajo la máscara de la concesión, la Cancha Unión a la Universidad Alas Peruanas por 40 años.
Cuando se destruyó ese hermosísimo espacio público conocido como la Laguna de Barranco, se le dejó previamente en el abandono adrede. No se hizo mantenimiento de sus aguas ni jardines. Se dejó que se quemaran los focos de luz para jamás cambiarlos. Se despojó a la zona de protección para que cunda la delincuencia. Se "administró" la destrucción y deterioro del espacio público para luego justificar la demolición. Lo que no sucedería jamás en ninguno de nuestros países vecinos (para no hablar de Europa) se pudo hacer en Barranco.
Igual hace ahora el alcalde Antonio Mezarina Tong con la Cancha Unión de Barranco. "Gerencia" su destrucción y deterioro para luego justificar la concesión. En lugar de actuar como un alcalde moderno al servicio de los ciudadanos, sus afanes de hacerse rico lo llevan a ponerse al servicio de los intereses económicos. Ignora que sus oscuros manejos màs temprano que tarde saldrán a flote porque al frente ya no tiene a una ciudadanía barranquina dispuesta a poner la otra mejilla.
La juventud barranquina tiene que ver como cada fin de semana Barranco se convierte en un muladar y una cantina. Cede espacios a una mal llamada diversión en la cual proliferan alcohol, drogas y prostitución. La permisividad con las licencias a los "negocios" ha rebasado los límites sociales de la justa convivencia. El pacto alcalde-políticos corruptos los hace sentirse impunes. Esta situación que deteriora el tejido social y destruye el espacio urbano se tiene que detener.
¡Qué distinto sería todo si tuviéramos alcaldes que primero piensen en los ciudadanos! Con contadas excepciones las alcaldías se han convertido en el pre-grado de la corrupción que luego hace sus maestrías en las estructuras más altas del Estado. Tenemos alcaldes, en todo Lima, que ceden espacios pùblicos a negocios y vehículos motorizados, que hacen obras faraónicas e inùtiles como el Metropolitano al cual le faltan no se cuantos días para que se inaugure contaminando Lima y que no piensan en el ciudadano. Se llega a la locura de destruir veredas y jardines para dar espacio a mas carriles para los autos. Lima al servicio de los autos. El ciudadano es lo último. Y esto se demuestra con la actitud del alcalde Antonio Mezarina Tong de querer despojar a Barranco de un espacio pùblico como la Cancha Uniòn que, bien utilizada, puede ayudar a contener la delincuencia y la drogadicción.
Fuente: Mate Pastor