
La corrupción tiene en nuestra falta de indignación a una aliada. Mientras en países como Argentina los signos exteriores de riqueza despiertan el repudio de la ciudadanía, en el Perù algunos desubicados saludan a Rómulo León o se toman fotos con Agustín Mantilla.
En Argentina hay un caso singular de enriquecimiento ilícito, que me permito comentarles porque el destape y la profusión de datos proviene de la rivalidad política. Algo similar sucede en nuestro país, en donde grandes silencios y acompañamientos, provienen del temor al destape de actos corruptos. El intercambio de prebendas es mínimo en relación al intercambio de favores. Hay políticos dedicados a confeccionar "files" con dizque antecedentes de sus rivales o enemigos mediáticos. Es una forma burda y primaria de hacer política. No sólo por la falta de ética sino por el sentido mafioso (no te denuncio a cambio de tu voto o apoyo). Esta costumbre, tan común durante el fujimorato, ha vuelto a nuestro país con el segundo alanismo. Sigue pues el deterioro institucional.
Fuente: Mate Pastor