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Domingo 20 de junio 2010

Terapia ambulatoria drogadicción a domicilio

Tambien edición de audios, videos y textos. Cel: 996816235

"Admitimos que éramos impotentes ante nuestra adicción, que nuestra vida se había vuelto ingobernable."

Como adictos, todos hemos experimentado el do­lor, la soledad y la desesperación de la adicción. An­tes de llegar muchos hicimos todo lo imagina­ble para controlar nuestro consumo de drogas. Trata­mos de sustituir unas drogas por otras, creyendo que sólo teníamos un problema con una droga en parti­cular. Intentamos limitar nuestro consumo de drogas a ciertas horas o lugares. Es posible que en algún momento hasta hayamos prometido dejar de consu­mir por completo. Puede que nos hayamos dicho que nunca haríamos cosas que vimos hacer a otros adic­tos, para después encontrarnos haciendo esas mismas cosas. Nada de lo que intentamos tuvo efecto dura­dero. Nuestra adicción activa continuó avanzando, dominando incluso nuestras mejores intenciones. Solos, aterrorizados por lo que nos aguardaba en el futuro, descubrimos la Confraternidad de Narcóticos Anónimos.Nuestra experiencia  nos indica que la adicción es una enferme­dad progresiva. La progresión puede ser rápida o len­ta, pero siempre es cuesta abajo. Mientras sigamos consumiendo drogas, nuestra vida empeorará cada vez más. Es imposible describir la adicción de una forma tan precisa que complazca a todo el mundo. Sin embargo, parece que la enfermedad nos afecta, en general, de las siguientes formas: mentalmente, nos obsesiona la idea de consumir; físicamente, desarrollamos una compulsión que nos hace seguir consumiendo, inde­pendientemente de las consecuencias; espiritualmen­te, en el transcurso de nuestra adicción nos volvemos totalmente egocéntricos. Para muchos adictos tiene sentido ver la adicción como una enfermedad porque, según nuestra experiencia, la adicción es progresiva, incurable, y puede ser mortal a menos que se la de­tenga.

Nos ocupamos de todos los aspectos de nuestra adicción, no sólo de su sínto­ma más obvio: el consumo incontrolable de drogas. Los aspectos de nuestra enfermedad son numerosos. Al practicar este programa, cada uno descubre de qué forma la adicción nos afecta personalmente. Al mar­gen de las consecuencias individuales que la adicción ha tenido en nuestra vida, hay ciertas características comunes que todos compartimos. Al practicar el Pri­mer Paso, abordamos la obsesión, la compulsión, la negación y lo que muchos han llamado un «vacío es­piritual».Al ir examinando y reconociendo todos estos aspec­tos de nuestra enfermedad, comenzamos a entender nuestra impotencia. A muchos nos dio problemas la idea de que, como adictos, seamos obsesivos y compulsivos. Pensar que esas palabras pudieran apli­carse a nosotros nos daba escalofríos. Sin embargo, la obsesión y la compulsión son aspectos de nuestra impotencia. Tenernos que entender y reconocer su presencia en nuestra vida para que la admisión de impotencia sea completa. Para nosotros, la obsesión es ese flujo incesante de pensamientos relacionados con el consumo de drogas, quedarnos sin ellas, con­seguir más, y así sucesivamente. Simplemente no podemos quitarnos estos pensamientos de la mente. Según nuestra experiencia, la compulsión es el impul­so irracional de seguir consumiendo drogas, sin que importen las consecuencias. Simplemente no pode­mos parar. Tratamos aquí la obsesión y la compulsión en relación a nuestro consumo de drogas, pues es nuestra drogadicción lo que nos permite identificar­nos con los demás y con el programa cuando llega­mos a él por primera vez. A medida que avancemos en la recuperación, iremos viendo cómo estos aspec­tos de nuestra adicción pueden manifestarse en mu­chas áreas de nuestra vida.La negación es la parte de nuestra enfermedad que hace que nos resulte difícil, sino imposible, recono­cer la realidad. Durante nuestra adicción, la negación nos protegía de ver en qué se había convertido nues­tra vida. Solíamos decirnos que, si se daban las cir­cunstancias correctas, aun podíamos controlar nues­tra vida. Como éramos hábiles para defender nuestras acciones, nos negábamos a asumir la responsabilidad por el daño que causaba nuestra adicción. Creíamos que si lo intentábamos con fuerza, si sustituíamos una dro­ga por otra, si cambiábamos de amigos, de vivienda o de empleo, nuestra vida iba a mejorar. Estos pretextos nos fallaron repetidamente, pero continuábamos afe­rrados a ellos. A pesar de la evidencia, negábamos tener un problema de drogas. Nos engañábamos, cre­yendo que podíamos consumir de nuevo sin proble­mas. Justificábamos nuestras acciones, a pesar de las ruinas creados por nuestra adicción.La parte espiritual de nuestra enfermedad, que puede que sólo reconozcamos como una sensación de vacío o soledad al estar limpios por primera vez, qui­zás sea uno de los aspectos de la adicción que nos resulte más difícil. Como esta parte de la enfermedad nos afecta de forma tan profunda y personal, quizás nos agobie la idea de aplicarle un programa de recu­peración. Sin embargo, debemos recordar que nadie se recupera de la noche a la mañana.

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