"Admitimos que éramos impotentes ante nuestra adicción, que nuestra vida se había vuelto ingobernable."
Como adictos, todos hemos experimentado el dolor, la soledad y la desesperación de la adicción. Antes de llegar muchos hicimos todo lo imaginable para controlar nuestro consumo de drogas. Tratamos de sustituir unas drogas por otras, creyendo que sólo teníamos un problema con una droga en particular. Intentamos limitar nuestro consumo de drogas a ciertas horas o lugares. Es posible que en algún momento hasta hayamos prometido dejar de consumir por completo. Puede que nos hayamos dicho que nunca haríamos cosas que vimos hacer a otros adictos, para después encontrarnos haciendo esas mismas cosas. Nada de lo que intentamos tuvo efecto duradero. Nuestra adicción activa continuó avanzando, dominando incluso nuestras mejores intenciones. Solos, aterrorizados por lo que nos aguardaba en el futuro, descubrimos la Confraternidad de Narcóticos Anónimos.Nuestra experiencia nos indica que la adicción es una enfermedad progresiva. La progresión puede ser rápida o lenta, pero siempre es cuesta abajo. Mientras sigamos consumiendo drogas, nuestra vida empeorará cada vez más. Es imposible describir la adicción de una forma tan precisa que complazca a todo el mundo. Sin embargo, parece que la enfermedad nos afecta, en general, de las siguientes formas: mentalmente, nos obsesiona la idea de consumir; físicamente, desarrollamos una compulsión que nos hace seguir consumiendo, independientemente de las consecuencias; espiritualmente, en el transcurso de nuestra adicción nos volvemos totalmente egocéntricos. Para muchos adictos tiene sentido ver la adicción como una enfermedad porque, según nuestra experiencia, la adicción es progresiva, incurable, y puede ser mortal a menos que se la detenga.
Nos ocupamos de todos los aspectos de nuestra adicción, no sólo de su síntoma más obvio: el consumo incontrolable de drogas. Los aspectos de nuestra enfermedad son numerosos. Al practicar este programa, cada uno descubre de qué forma la adicción nos afecta personalmente. Al margen de las consecuencias individuales que la adicción ha tenido en nuestra vida, hay ciertas características comunes que todos compartimos. Al practicar el Primer Paso, abordamos la obsesión, la compulsión, la negación y lo que muchos han llamado un «vacío espiritual».Al ir examinando y reconociendo todos estos aspectos de nuestra enfermedad, comenzamos a entender nuestra impotencia. A muchos nos dio problemas la idea de que, como adictos, seamos obsesivos y compulsivos. Pensar que esas palabras pudieran aplicarse a nosotros nos daba escalofríos. Sin embargo, la obsesión y la compulsión son aspectos de nuestra impotencia. Tenernos que entender y reconocer su presencia en nuestra vida para que la admisión de impotencia sea completa. Para nosotros, la obsesión es ese flujo incesante de pensamientos relacionados con el consumo de drogas, quedarnos sin ellas, conseguir más, y así sucesivamente. Simplemente no podemos quitarnos estos pensamientos de la mente. Según nuestra experiencia, la compulsión es el impulso irracional de seguir consumiendo drogas, sin que importen las consecuencias. Simplemente no podemos parar. Tratamos aquí la obsesión y la compulsión en relación a nuestro consumo de drogas, pues es nuestra drogadicción lo que nos permite identificarnos con los demás y con el programa cuando llegamos a él por primera vez. A medida que avancemos en la recuperación, iremos viendo cómo estos aspectos de nuestra adicción pueden manifestarse en muchas áreas de nuestra vida.La negación es la parte de nuestra enfermedad que hace que nos resulte difícil, sino imposible, reconocer la realidad. Durante nuestra adicción, la negación nos protegía de ver en qué se había convertido nuestra vida. Solíamos decirnos que, si se daban las circunstancias correctas, aun podíamos controlar nuestra vida. Como éramos hábiles para defender nuestras acciones, nos negábamos a asumir la responsabilidad por el daño que causaba nuestra adicción. Creíamos que si lo intentábamos con fuerza, si sustituíamos una droga por otra, si cambiábamos de amigos, de vivienda o de empleo, nuestra vida iba a mejorar. Estos pretextos nos fallaron repetidamente, pero continuábamos aferrados a ellos. A pesar de la evidencia, negábamos tener un problema de drogas. Nos engañábamos, creyendo que podíamos consumir de nuevo sin problemas. Justificábamos nuestras acciones, a pesar de las ruinas creados por nuestra adicción.La parte espiritual de nuestra enfermedad, que puede que sólo reconozcamos como una sensación de vacío o soledad al estar limpios por primera vez, quizás sea uno de los aspectos de la adicción que nos resulte más difícil. Como esta parte de la enfermedad nos afecta de forma tan profunda y personal, quizás nos agobie la idea de aplicarle un programa de recuperación. Sin embargo, debemos recordar que nadie se recupera de la noche a la mañana.