
Virtud pública, vicios privadosEditorial del diario Perú 2121 junio 2010Autor: Fritz Du Bois
La creciente lista de graves denuncias que aparecen a diario estaría llevando a la clausura de las actividades de lo que fue conocido como el Hogar de Cristo.Como tal se constituyó en una de las más conocidas instituciones de caridad, recibió el apoyo de reconocidos empresarios y su fundador se convirtió en un personaje mediático. Todo lo cual parecía adecuado. Es perfectamente válido usar todos los medios a disposición para captar fondos y llevar a cabo necesarias acciones de caridad. Lo fundamental es que la entidad siempre cumpla con su función. Lamentablemente, la impresión que tenemos ahora es que buena parte de los recursos que le donaron no fueron bien utilizados, mientras los niños y ancianos bajo su cargo estaban abandonados o, peor aun, hasta podrían haber sido abusados.Incluso, lo más indignante de los últimos destapes es que los abusos pudieron evitarse, ya que el Ministerio de la Mujer había identificado hace nueve años las irregularidades, pero estas fueron encarpetadas. El motivo de ello habría sido la hostilidad que existió durante el gobierno de Toledo hacia el Cardenal, quien a su vez mantenía una confrontación con el Padre Martín. Al protegerlo, el Gobierno estaba tomando partido en contra de Cipriani. Nadie se preocupó en este juego político por el bienestar de los ancianos y niños que estaban en el Hogar de Cristo.En todo caso, la lección de este caso al igual que los de los centros terapéuticos donde han ocurrido escándalos es la necesidad de poder fiscalizar a las instituciones que se les encomienda el cuidado de los más necesitados en nuestra sociedad. No creemos que sea cuestión únicamente de supervisión por parte del Estado. Más aun, es poco probable que esta sea eficiente y se corre el riesgo que la burocracia termine obstaculizando a instituciones que sí cumplen una función adecuada. Posiblemente, lo que se debe exigir es que toda institución cuente con órganos de control de sus donantes –directorios o comités consultivos– que asuman la responsabilidad de presentar auditorías, financiera y funcional, confiables para que se renueven las licencias de funcionamiento. Se deben establecer mecanismos transparentes y dinámicos que posibiliten que más instituciones privadas suplan las dolorosas deficiencias en los servicios sociales del Estado, pero evitando que se desarrolle mercantilismo en la caridad.Vía Peru21.pe