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Viernes 07 de noviembre 2008

HUMBERTO ABANTO: ELECCION DE OBAMA HA HECHO REALIDAD EL SUEÑO DE MARTIN LUTHER KING

Mi tarea es difundir artículos de opinión. En esta oportunidad se trata de uno de Humberto Abanto Verastegui, articulista peruano. Este artículo salió publicado en el Diario La Razón (www.larazon.com.pe) el día 7 de noviembre de 2008 (páginas 10 y 11).
Viernes 07 de noviembre 2008

Tiene el deber de transformar un país calcinado por la crisis en un oasis de libertad y justicia.

I.- La victoria de Obama  

A la vuelta de cuarenta y cinco años, el sueño del reverendo Martin Luther King se hizo realidad, una maciza y fervorosa mayoría cargada de juventud y esperanza, compuesta por los hijos de los esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, fue capaz de sentarse junta a la mesa de la hermandad y ungir presidente, por primera vez en la historia de la, aún, nación más poderosa del mundo, a un ciudadano de raza negra, Barack Obama.   La expectativa se concentra alrededor de este hombre sorprendente que, con apenas dos años de senador por Illinois, pasó como un ciclón sobre la poderosa maquinaria electoral de los Clinton y posteriormente dio cuenta por amplio margen de la fórmula republicana encabezada por un héroe de guerra, John Mac Cain.   Un trayecto en el que lo más destacable fue su prodigiosa capacidad para atraer y poner en movimiento a una enorme multitud de jóvenes que se jugó entera para castigar el belicismo de Bush y la debacle económica provocada por sus pésimas políticas.   La elección de Obama no es un final sino un comienzo. Las decisiones que adopte, una vez ya en el poder, demostrarán si su enorme carisma, que logró entrelazar las manos de pequeños muchachos negros y muchachas negras con las de pequeños muchachos blancos y muchachas blancas –en el dulce lenguaje del reverendo King–, tiene el correlato indispensable del talento de estadista, pues su país –y el mundo con él– afronta horas aciagas.   II.- La grandeza de Mac Cain   El discurso de John Mac Cain al admitir la victoria de Barack Obama mostró a un patriota a toda prueba. El valor para asumir una responsabilidad que en realidad no es toda suya y la caballerosidad de silenciar las rechiflas que parte de sus seguidores lanzaba contra el nombre del rival vencedor, expresan a un hombre largamente superior a la imagen que su errática campaña proyectó. Hoy es posible valorar a plenitud la fuerza de carácter de este héroe de guerra.   La serenidad de Mac Cain en esta hora de prueba, su capacidad para diferenciar entre el adversario de ayer y el presidente electo de hoy, y convocar a sus huestes al esfuerzo generoso de apoyar al triunfador en la tarea de salvar a su país de la grave crisis que lo azota, son virtudes que ponen a la vista el plano excelso al que la política bien entendida puede arribar.   A diferencia de los más duros críticos de Obama, el propio John Mac Cain tuvo la entereza de admitir que su contrincante ama a su nación tanto como él. Una declaración noble y generosa que habla tan bien de él como de su destinatario. Todo un ejemplo a seguir en estas tropicales tierras de la América morena.   El verdadero rostro de los políticos –de todas las personas, en verdad– se ve en las horas adversas, jamás en las de victoria. A no dudarlo, una derrota en la carrera a la Casa Blanca es una adversidad irreparable –por la casi imposibilidad de repetir la experiencia–, pero John Mac Cain ha sabido afrontarla con dignidad, elegancia y buen juicio. Separándose de los apocalípticos de siempre, él ha sido incapaz de anunciar la llegada del fin del mundo por la victoria de su adversario. Muy por el contrario, ha pedido respeto y apoyo para su nuevo presidente. Todo un personaje.   III.- Cruzando el umbral de la esperanza   La hora de los discursos ha terminado para Barack Obama. A partir de hoy tiene la grave tarea de convocar a los hombres más preparados y diestros de su partido y, dentro de éste, a los de su línea política, para asegurarse de hacer realidad cuanto prometió al electorado yanqui. Él, al igual que todo aquel que propone un cambio, está llamado a propulsarlo y asegurarlo, comprendiendo para ello que no hay nadie rescatable en las filas de los autores del colapso presente.   No es una apuesta por el sectarismo y la cerrazón, sino la lectura atenta y detallada del balance y la liquidación de un proceso. Si las políticas impulsadas por los republicanos produjeron el estado de calamidad de hoy, es innegable que Obama haría mal en reclutar a sus colaboradores de entre los promotores del fiasco actual. Tan sólo un hombre particularmente estúpido cedería a tan absurda tentación.   Por otra parte, la lealtad con su partido y las legiones de jóvenes que lo llevaron a la Casa Blanca será determinante para la solidez de su gobierno. El abandono de las lealtades partidarias se castiga con la impopularidad y la indefensión frente a los adversarios. Menos aún debe fundar su deslealtad en el poder de su carisma, dado que nada o muy poco le habría servido sin la maravillosa maquinaria partidaria y juvenil de propaganda que reunió fondos y difundió su mensaje con espíritu evangélico. Él debe aceptar que el voto por el cambio torna inaceptable el gatopardismo de quien cambia todo para que nada cambie.   Más allá de la hidalguía de Mac Cain ante la derrota y el arrobamiento de Obama frente a la victoria, está el veredicto popular que coloca a los Estados Unidos en el umbral de la esperanza. Cruzarlo o no será decisión de Obama.   Él enfrenta la posibilidad de repetir el fracaso de Jimmy Carter, quien por ingenuo y torpe provocó la vuelta a la derecha de Ronald Reagan; o el éxito de Bill Clinton, cuyo legado económico dilapidó George W. Bush en menos de un año.   Barack Obama tiene el deber de transformar un país calcinado por las llamas de la crisis en un oasis de libertad y justicia. O, cuando menos, de comenzar tan grande tarea. De no ser así, el tornado de la agitación hará temblar las bases mismas de los Estados Unidos hasta que emerja el día brillante de la justicia, diría el reverendo King.   Fuente: www.larazon.com.pe 
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